miércoles, 9 de agosto de 2017

3 METROS SOBRE EL CIELO

Babi (María Valverde) y Hugo Olivera Castro (Mario Casas) son dos jóvenes que viven en mundos absolutamente diferentes que no tienen nada que ver el uno con otro. Ella pertenece a una familia adinerada que quiere para su hija al mejor hombre que pisa la Tierra. Él es un chico de barrio que, montado en su moto, recorre la vida a toda velocidad.
Ya en la primera escena, vemos a H (así le gusta que le llamen) como acusado de un delito de lesiones en un juicio y cuando acaba la vista, sale sin querer saber nada de la gente que le ha ayudado (su padre, su hermano, su abogado...) para volver a lanzarse a la vorágine de las calles donde el se siente verdaderamente a gusto, desafiando a la sociedad que le rodea, incumpliendo sus normas constantemente, tratando de vivir siempre al límite del sentido común.
Ella, por contra, es una chica de clase media-alta educada en la bondad, en la inocencia y en el sometimiento a las normas.
Un día, cuando sus destinos se cruzan, entenderán que a partir de ese instante será difícil separarles. Su historia se convertirá en un amor imposible y los arrastrará a la peor de las locuras: enamorarse perdidamente y sin remedio. Pasión, celos, peleas y un deseo irrefrenable caracterizan esta historia que quiere poner de manifiesto la existencia, a veces, de estrechas relaciones entre dos mundos opuestos.


Tres metros sobre el cielo es una película española dirigida por Fernando González Molina y protagonizada por Mario Casas, Álvaro Cervantes, María Valverde y Marina Salas. Basada en la novela homónima publicada por el italiano Federico Moccia, se estrenó el 3 de diciembre de 2010 y se convirtió en la película más taquillera del año en España.
Ya había sido adaptada en Italia con el título de "Tre metri sopra il cielo", dirigida por Luca Lucini.


Película increíble por la que, al parecer, las quinceañeras (y otras que ya ven de muy de lejos esa edad), perdían el sentido, supongo que merced a los atributos corporales de Mario Casas que no hace más que quitarse la camiseta y quedarse a pecho descubierto, sin necesitar excusa alguna.
A mí me ha parecido el retrato de un maltratador, el perfil es de manual, repite constantemente "puta" y "hostia", aunque de vez en cuando varía e introduce la palabra "gilipollas". Cuando algo le contraría, es decir, siempre, se lía a golpes con lo que tiene más a mano, lo mismo le da la pared, el teléfono o alguien que pase por allí, así que le rompe la nariz a otro macarra como él, al amante de su mami, al pretendiente de la chica que le gusta, a un conductor que se apresta a socorrer a la chica... y para rematar la faena, un día que está enfadado, o sea, un día cualquiera, porque siempre lo está, le mete una "hostia" (perdón, es su lenguaje, recuerdo) a su novia, que le queda la cara del revés.
¿Ella qué hace?, ¡ay!, le quiere mucho, si bien al final pretenden suavizarlo un poco porque le deja, aunque creo que hay secuelas, en las que supongo que volverán a las andadas.
El tipo es un rebelde, pero tiene una moto de gran cilindrada, y no trabaja que se vea, así que es de esos que pueden permitírselo, para ello tiene un hermano al que desprecia porque no sabe vivir la vida y se dedica al mundo de los negocios, pero no tiene reparo en sacarle la pasta y, encima, se le mete en casa, duerme hasta el mediodía y se junta con otra panda de gente como él que se dedica a hacer competiciones para ver quien está más tonto de todos (esa es la impresión que me dio a mí), aunque parece que eso es lo que les gusta a las bobas que les rodean (lo siento, pero así las pintan).
En fin, una joya de película, de argumento y de enseñanzas para los y las jóvenes.




4 comentarios:

  1. Don Federico Moccia sólo escribe cosas de ese tipo, otro de sus éxitos «Perdona si te llamo amor» también cuenta una historia de amor un tanto difícil de creer y de dudosa legalidad. Como aficionada a las películas románticas, he de decir que este señor no sabe llegar a más allá de las adolescentes. Prefiero las pasteladas de Nicholas Sparks, del que ya has hablado en alguna otra ocasión.

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  2. Uséase un ejemplar de los de mantener muy lejos de uno.
    Macarras de éstos los hay a manta y siempre terminan o con tiro en la cabeza o en la trena por haberse cargado a alguien.

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