viernes, 6 de septiembre de 2013

EL SEÑOR DE LA GUERRA

La acción se desarrolla en la Edad Media, cuando un caballero llamado Chrysagon de la Cruz (Charlton Heston) llega a tomar posesión de sus nuevas propiedades en la Normandía francesa, acompañado de su hermano Draco (Guy Stockwell), de su fiel servidor Bors (Richard Boone) y de un reducido grupo de guerreros. El duque William de Ghent, le ha enviado allí para que proteja aquellos territorios y a las gentes que los habitan, de los ataques de los frisios, que al mando de su jefe Odins (Niall MacGinnis), saquean periódicamente aquellas costas.
Chrysagon y su hermano han jurado odio eterno a los frisios, que en el pasado, apresaron a su padre y sólo le devolvieron a cambio de un rescate, para reunir el cual debieron deshacerse de todas sus propiedades, ésto unido a las penalidades del cautiverio, sumieron al padre en una profunda tristeza que acabó con su vida.
Poco después de llegar a sus nuevos territorios, Chrysagon se enamora de una porqueriza del pueblo, llamada Bronwyn (Rosemary Forsyth), una joven de belleza serena que está prometida con el hijo del jefe de la aldea.


El guión se basa en una obra de teatro de Leslie Stevens titulada "The Lovers" ("Los Amantes"), un título que aclararía bastante, a quienes vean el film, porqué estamos viendo lo que vemos y no una simple historia de peleas, mandobles y combates guerreros.
Heston había protagonizado la obra teatral durante su representación en Broadway.


No es un film histórico por lo que cuenta, una historia que supongo inventó el autor del texto teatral, sino por el entorno en que se vive y por cómo nos lo traslada, quizá uno de los films que mejor muestran lo que fue el periodo histórico conocido como Edad Media, una época en la que los estratos sociales estaban clara e inexorablemente diferenciados y en la que las clases humildes debían sufrir durante toda su existencia el sometimiento al poderoso, al señor feudal que gobernaba el territorio que tenía poder de decisión sobre todos los aspectos de la existencia diaria de sus vasallos, incluídas que atañen a la vida o la muerte.


A todo este fiel reflejo de aquella dura y mísera realidad, no es ajena la excelente fotografía de Russell Metty. Destacable también la buena partitura musical de Jerome Moross, con momentos épicos, pero con otros, como el de la boda y la fiesta que la rodea, muy evocadores.


La película está bien interpretada, no voy a entretenerme en hablar de Heston, con ese rostro que parece que siempre tiene la misma expresión independientemente de la escena que interprete. Quiero hacer mención de la excelente actuación de Richard Boone, en su papel de leal servidos, casi un perro fiel, entregado a la causa de su señor y a guardarle de todo peligro, una interpretación basada en miradas y silencios, enorme.
Por otro lado está una actriz casi desconocida, la canadiense Rosemary Forsyth, como la bella aldeana que cautiva el corazón del protagonista, de belleza serena, lleva a cabo una actuación contenida que va in crescendo a medida que va sintiéndose dueña de la voluntad de su señor.


En el film hay dos historias de amor, una más que evidente, hombre y mujer, aldeana y guerrero, bella y dulce ella, rudo y curtido el otro, una historia de amor apasionada sin una palabra ni un gesto de más.
Por otro lado, la relación entre el señor y su servidor, Heston y Boone, lealtad y amor del vasallo hacia su jefe.
Hay un momento en que Bors cauteriza una herida a Chrysagón mientras Bronwyn intenta sujetarle por los brazos, hasta que sus rostros quedan casi unidos: Una antológica escena de amor sin palabras que ni siquiera lo parece, en la que los tres están unidos a través de gestos y miradas, con Heston como centro del cariño que le profesan de manera distinta los otros dos personajes.


Mención aparte merecen las escenas de batallas, los sucesivos asaltos de los frisios a la torre en la que se refugian los cristianos, un verdadero desfile de ingenios de asalto de la época; las escenas están muy bien rodadas y magnificamente montadas.
La lastima del film es que el guión es bastante flojo y los diálogos, por momentos, resultan penosos.
La historia de envidia, incluso de odio entre los dos hermanos, creo que no está demasiado bien llevada.


Película un tanto desigual, con altibajos y una descripción realista de la Edad Media que muestra la brutalidad y crueldad de los códigos de comportamiento vigentes, la asfixiante opresión física y moral imperante y el alcance inhumano del poder feudal.
Y esa historia de amor muy bien tratada, con ese momento del encuentro entre ambos futuros amantes, con ella surguiendo de la aguas y Chrysagon embelesado ante la belleza que se ofrece a su contemplación.





2 comentarios:

  1. No tengo palabras para definir esta película. Es de mis favoritas. No coincido contigo en el asunto del guión y no la encuentro desigual. La idea del medievo, la intransigencia, el derecho de pernada, la relación de los hermanos, las miradillas de Richard Boon... en conjunto me parece una película, que si no es redonda, posiblemente sea la mejor cinta sobre la época medieval realizada por hollywood... o eso opino. En definitiva, me encanta.

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    1. Me encanta esto de las discrepancias.
      A mí hay algunos diálogos que me parecieron de lo más pobre y algunas situaciones mal desarrolladas.
      Por lo demás, coincidencia en el fondo, la peli, en su conjunto, notable.

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