miércoles, 26 de agosto de 2009

LOS HIJOS DEL GRIAL

Acabo de leer este libro de Peter Berling, que forma parte de una tetralogía y que, según me cuenta gente que merece toda mi confianza en este aspecto, es el más flojo de los cuatro libros que componen el totum de la obra.

Esto me da ánimos para leerme el resto, pero eso será en su momento, no tengo prisa porque, de momento, no puedo decir que me haya enganchado especialmente.

Está muy documentado, eso es lo que más destacable para mi gusto. A veces le falta ritmo narrativo, se demora en relatarnos el asedio a Montsegur y se detiene demasiado tiempo en la estancia del protagonista entre los saratz, aunque esto último depende de cómo se tome, porque da pie al autor a recrearse en el paisaje y a trazar una especie de "mininovela" cuasi pastoril dentro del libro.

Está ambientado en la Baja Edad Media y toma como base documentos de la época encontrados en archivos de Francia e Italia. El protagonista, que oficia de narrador, es un franciscano de origen Flamenco, William de Roebruk. La acción se inicia con el asedio al castillo de Montsegur en 1243, establecido por las tropas del Papa y de Luis IX, rey de Francia (San Luis). Allí están "Los Hijos del Grial", una niña y un niño (Yeza y Roç) que, a punto de caer el castillo, son rescatados por gentes al servicio del Grial, lo que da lugar a una peripecia por toda Europa y parte de Asia, en la que se mezclan situaciones de varios tipos: peligros, misterios, situaciones graciosas, picarescas... El autor aprovecha para traernos retratos de la vida en esa época: La corrupción del poder (incluída la Iglesia), tensiones políticas, los Señores, sus vasallos y tropas, la Inquisición. Aderezado todo ello entre caballeros templarios, hospitalarios, teutones, la secta de "los asesinos", el Priorato de Sión, las Cruzadas, los mongoles, los musulmanes, la lucha entre dominicos y franciscanos.




Hay algunos aspectos curiosos en el libro, como los conflictos morales que retrata, incluso sirviéndose del propio Willian, por un lado los tremendos castigos anunciados por la Iglesia y por otro, los placeres terrenales, en los que el fraile cae una vez y otra, la verdad es que tampoco se le ve con un gran sentimiento de culpa. Otra de las cosas que me llamó la atención, es el detalle sobre la enumeración de los ingredientes culinarios, que relaciona con todo detalle, sobre todo en los pasajes que se ambientan en el palacio del obispo Nicola della Porta y su cocinero Yarzinth.

La verdad es que después de "El Código Da Vinci", uno se reconcilia un tanto con este tipo de novelas en las que aparecen elementos comunes, aunque tratados de maneras tan diferentes.

Mi recomendación al lector, es que no se deje desanimar por el arranque de la novela, que trate de superar esas páginas del principio, porque después la cosa va tomando ritmo y forma. Me ha parecido una novela notable.





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