jueves, 11 de enero de 2018

THE LURE (CÓRKI DANCINGU)

Silver (Marta Mazurek) y Golden (Michalina Olszańska) son dos sirenas hermanas. Ambas traban amistad con un peculiar grupo musical que trabaja en un local nocturno, al parecer, de un estilo que abundaba en Polonia en los últimos años del comunismo, los "restaurantes de baile", donde se cenaba y se presenciaban espectáculos entre discotequeros y eróticos.
Pronto, gracias a su imponente presencia, las dos sirenas se convierten en el gran atractivo de la banda. Una banda cuyo futuro sigue complicándose al enamorarse Silver del bajista, que siente que su relación está incompleta porque cuando tienen aspecto humano no poseen genitales y cuando están, por así decirlo, en remojo, les crecen unas impresionantes colas como si fueran de anguila, llenas de escamas.
En el fondo, a pesar de su apariencia humana, las sirenas, como otros seres provenientes del mar que aparecen en la película, no son humanos y, de vez en cuando, les sale su verdades naturaleza y son capaces de darte un mordisco que para sí lo quisiera una barracuda.
El bajista se enamora y se casa con una humana y las dos "tiernas hermanitas", se empeñan en acabar con el chico, pues de lo contrario, ellas mismas sufrirán horribles consecuencias y se convertirán en espuma de mar.


'The Lure', se sumerge en la corriente de películas recientes, dirigidas por mujeres, que indagan en las características únicas de la feminidad a través de una reflexión sobre lo monstruoso. Las colas de sirena de las protagonistas no son bellas y luminosas colas de pez estilo Disney, sino que están más cerca de parecer la de una anguila, y en más de una ocasión se menciona el mal olor que despiden.
Por eso, cuando Silver regala una escama de su cola al bajista de la banda para que la use de púa, un momento que en una comedia romántica al estilo de 'Un, dos, tres... Splash' habría resultado entrañable, aquí es repulsivo. Y cuando las sirenas están haciéndose unas fotos de promoción subiditas de tono y decoran sus colas con redes de pescar, el resultado roza lo patético, por lo que tiene de renuncia a lo que las hace únicas.
'The Lure', pese a ceder a las claves del musical en términos románticos y ser menos combativa que otras muestras de horror femenino reciente, brilla gracias a su militancia en lo extravagante y lo excesivo. Funciona como reformulación de los cuentos de hadas que tan de moda se han puesto últimamente (ojo a los estupendos créditos iniciales), pero también como crítica de esa misma moda, estamos ante la antítesis de La Sirenita. Y con llamativas canciones por añadidura.
Para aderezar su aparente locura argumental, 'The Lure' va trufando su desarrollo de canciones, pero no exactamente del mismo modo que en un musical. En ocasiones sí (las sirenas van de compras, las sirenas expresan sus sentimientos, las sirenas se someten a brutales intervenciones quirúrgicas...), pero otras veces, lo que tenemos son las actuaciones en el sugestivo y misterioso restaurante (en realidad, una especie de recreación del nightclub abandonado en Varsovia donde actuaban los padres de Barbara y Zuzanna Wronska, autoras de las canciones).
La banda sonora incluye temas que recuerdan a los clásicos del rock, pero también otros que son auténticos guiños a la nueva ola del pop, 'The Lure' rebosa canciones que refuerzan la atmósfera intensamente extravagante de la historia. Esa filosofía propia de los musicales de que se vea como normal que los protagonistas se arranquen a cantar se extiende aquí a prácticamente todo y le da un toque de cierto humor negro: en efecto, a nadie le parece raro que a las nuevas vocalistas de la banda les crezca cola de pez, sin embargo les llama mucho la atención que no tengan vagina.


Me han convencido las dos protagonistas, que logran interpretaciones absolutamente naturales (ojo, que no debe ser fácil aparecer en la mitad de las escenas con los pechos al aire sin dar la sensación de sentirse ni incómodas, ni provocadoras, sino como quien muestra las piernas, los brazos o la cara) y al tiempo, un tanto perturbadoras.
La película es absolutamente inclasificable, entre otras razones porque contiene elementos de muy diversos géneros (la fantasía con raíces en el folclore, la opera-rock, la nostalgia de los ochenta, el horror vampírico aderezado con escenas gore y la historia de autodescubrimiento juvenil), la mezcolanza tiene un aroma único, sobre todo debido a su decidida apuesta por lo extraño, lo chocante y lo incómodo.
El film supone el debut de la polaca Agnieszka Smoczyńska con un guión de Robert Bolesto y creo que no ha sido estrenada comercialmente en salas españolas.




miércoles, 10 de enero de 2018

DI QUE SI (YES MAN)

Carl Allen (Jim Carrey) es un empleado de banca amargado y tristón, que, para no ser menos que la mayoría de los agentes financieros de hoy, se niega sistemáticamente a conceder créditos a sus clientes. Divorciado y solitario, rechaza toda invitación a una fiesta o a tomar una cerveza. Disfruta, eso sí, en su secreta intimidad, de los últimos films que acaba de conseguir en el videoclub.
Pero un día, empujado por un amigo, se presenta en un seminario de autoayuda dirigido por Terrence (Terence Stamp), un gurú muy persuasivo y exitoso, ante quien se compromete a responder siempre afirmativamente a cualquier propuesta, cualquier invitación que le llegue de un semejante.
Carl se convierte así en el más ferviente seguidor de esta nueva religión del SI.
Nada más salir de la convención en la que el líder ha hecho una encendida defensa de esta forma de enfrentar la vida, Carl recoge a un mendigo que le pide que le lleve en su coche, en realidad no es sino un aprovechado que sabe de sobra lo que allí dentro ha ocurrido y le saca hasta la mala manera de andar, sabiendo que el neoconverso dirá SI a todo lo que le pida. Durante esta primera etapa parece que todo le va saliendo bien a Carl, hasta que al fin descubre que no había entendido bien la propuesta del gurú.


Basada en el exitoso libro del mismo título del escritor, actor y director de cine británico, Danny Wallace, que tiene tinte autobiográfico.


La película es, principalmente, una historia de amor en que la peculiaridad es que su protagonista, convencido de que debe dar un giro a su vida, dice que sí a casi cualquier propuesta que se le haga.
Pretende ser una especie de defensa de las actitudes positivas ante los retos diarios, el hecho de que Carl no entienda del todo bien el mensaje y lo ponga en práctica más allá de lo esperado, es lo que desata los momentos cómicos, en los que Carrey despliega todas sus dotes para hacer lo que sabe, básicamente el payaso, algo bastante difícil como bien es sabido, bastante más, a mi juicio, que hacer papeles dramáticos.
Aunque nos pasamos la película esperando un momento estelar, en que de verdad nos riamos con ganas, ese instante no llega y el guión es una sucesión de humor bastante grueso, que nos hace sonreír, incluso puede que arranque alguna carcajada, pero que no va más allá del simple entretenimiento, que no es poco, de acuerdo, pero no llega ni siquiera a tener visos de comedia de cierta categoría.




lunes, 8 de enero de 2018

AZINCOURT

Agincourt (Azincourt en francés) es una de las batallas más famosas jamás libradas por los británicos, equiparable en su memoria colectiva a las batallas de Hastings, Blenheim, Trafalgar o Waterloo. Tuvo lugar el 25 de octubre de 1415 (mucho antes de que la Cristiandad adoptase el nuevo calendario, aún vigente, según el cual, hay que retrasar el aniversario de aquellos hechos al cuatro de noviembre).
La notoriedad de Azincourt podría ser un hecho fortuito sin más, un fleco histórico magnificado por el genio de Shakespeare. Pero los hechos sostienen que tuvo lugar una batalla que causó una verdadera conmoción en toda Europa. A partir de entonces y durante muchos años, los franceses se refirieron a la fecha del 25 de octubre de 1415 como la malheureuse journée (día del infortunio). Incluso tras la expulsión de los ingleses de Francia, recordaban la malheureuse journée con tristeza, como un auténtico desastre.
Igual que estuvo a punto de serlo para Enrique V y su reducido, pero bien pertrechado, ejército, que había zarpado de Southampton Water con grandes expectativas; la más importante, el sometimiento de Harfleur, al que habría de seguir una incursión en el corazón de Francia, con la esperanza de que los franceses presentasen batalla. El hecho de alcanzar la victoria bastaría, según los devotos cálculos de Enrique, para dar por sentado que Dios respaldaba sus aspiraciones al trono de Francia y que incluso lo llevaría a ocuparlo. Con su ejército al completo, poco tenían de vanas tales ambiciones, pero el asedio de Harfleur les llevó más tiempo del previsto, y la disentería se encargó de diezmar las tropas.
Parece de sentido común que, tras la rendición de Harfleur, Enrique tendría que haber interrumpido la campaña, dejar una guarnición en la ciudadela y regresar a Inglaterra. Tal decisión, sin embargo, hubiera supuesto el reconocimiento de que había fracasado en su intento. Dilapidar tanto dinero para hacerse con un puerto normando hubiera sido interpretado como una victoria pírrica y, aunque la pérdida de Harfleur redundase en perjuicio de los intereses franceses, el mero dominio del enclave fortificado dejaba un escaso margen de maniobra al rey Enrique. La ciudad había caído en manos de los ingleses (y plaza inglesa sería durante veinte años más), pero el asedio les había arrebatado un tiempo precioso, y la imperiosa necesidad de dejar una guarnición en la ciudad devastada obligó a Enrique a dejar allí a muchos de sus hombres, por lo que, para cuando los ingleses tomaron la decisión de adentrarse en Francia, sólo la mitad del ejército estaba en condiciones. Haciendo caso omiso de los sensatos consejos que le instaban a desentenderse de la campaña, el rey se empecinó en seguir adelante, e impuso a su menguado y renqueante ejército la ingrata tarea de marchar desde Harfleur hasta Calais.
A primera vista, no parecía una hazaña imposible. Poco más de doscientos kilómetros separan las dos ciudades, una distancia que los soldados ingleses, todos a caballo, bien podían recorrer en unos ocho días. No era una marcha para obtener un mayor botín. Enrique no disponía de medios ni de tiempo para asediar las ciudadelas o los castillos (en donde los franceses guardaban todos los enseres de valor, a medida que los ingleses avanzaban) que encontraba a su paso; tampoco se trataba de una chevauchée, una de esas devastadoras incursiones de las tropas inglesas, que se llevaban todo por delante para instar a los franceses a dar la cara. Es dudoso que Enrique buscase provocar a los franceses porque, a pesar de su ferviente convicción de que Dios estaba de su parte, tenía que darse cuenta de las carencias de su ejército. De haber buscado el enfrentamiento directo, en lugar de bordear la costa, se habría adentrado en territorio francés. Seguramente sólo pretendía marcarse un farol. Tras llevar a cabo un mal asedio, antes de sufrir la humillación de presentarse en Inglaterra con tan pobres resultados, prefirió agraviar al contrario, demostrando que podía ir y venir por Francia a su antojo.
Un gesto testimonial que le habría salido bien si los vados de Blanchetaque no hubieran estado guarnecidos. Para llegar a Calais en un plazo de ocho días, tenía que cruzar el río Somme cuanto antes; pero los franceses controlaron los vados, y Enrique no tuvo más remedio que adentrarse en territorio francés hasta encontrar otro paso. Así, lo que había de llevarles ocho jornadas les ocupó hasta dieciocho (o dieciséis, según los cronistas, que no se ponen de acuerdo en cuanto al día en que el ejército partió de Harfleur) y se quedaron sin comida. Al final los franceses consiguieron reagrupar a su ejército y atraparon a los desafortunados ingleses. Así fue cómo, sin comerlo ni beberlo, el día de San Crispín de 1415, el pequeño y menguado ejército de Enrique se encontró cara a cara con el enemigo en la campa de Azincourt para adentrarse en la leyenda.
En la novela de Bernard Cornwell, Azincourt es la historia de Nicholas Hook, un arquero, que comienza la novela uniéndose a la guarnición de Soissons, una ciudad cuyos santos patronos eran Crispin y Crispiniano.
Lo que sucedió en Soissons conmocionó a toda la cristiandad, pues los franceses arrasaron la ciudad, violando a sus mujeres y robando y matando a sus propios paisanos, en venganza de la resistencia de la ciudad gracias a los mercenarios ingleses y a las tropas borgoñonas, una resistencia en la que nada tuvo que ver la población civil, que estaba más bien de lado de quienes la cercaban, pero que acabó pagando injustamente las consecuencias. Mas al año siguiente, en la fiesta de Crispin y Crispiniano, Hook se encuentra en ese pequeño ejército atrapado en Azincourt. La novela es también la historia de los arqueros que ayudaron a ganar una batalla que ha entrado en la leyenda.



CORAZÓN DE TINTA

Mortimer “Mo” Folchart (Brendan Fraser) y su hija de 12 años, Meggie (Eliza Hope Bennett), comparten su pasión por los libros. También comparten un don, ellos pueden hacer aparecer en la vida real a los personajes de los libros que están leyendo si los leen en voz alta. Pero un peligro acecha: por cada personaje de fantasía que llega al mundo real, una persona real desaparece en el mundo de fantasía. En una de sus visitas a una vieja librería, Mo escucha voces que no había oído en años, y cuando reconoce de qué libro vienen, siente un escalofrío que corre por su espalda. El libro, que se llama "Corazón de Tinta", está lleno de ilustraciones de castillos medievales y extrañas criaturas, y Mo lo ha estado buscando desde que Meggie tenía tres años, cuando su madre, Resa (Sienna Guillory), desapareció en ese misterioso mundo. Pero el plan de Mo de usar el libro para hallar y rescatar a Resa se ve en peligro cuando Capricornio (Andy Serkis), el villano de "Corazón de Tinta", secuestra a Meggie y le exige que de vida a otros malvados personajes de ficción. Decidido a rescatar a su hija y a enviar a todos los personajes de ficción adonde pertenecen, Mo reúne un dispar grupo de aliados —unos reales y otros mágicos— y se embarca en un viaje lleno de riesgos para poner las cosas en su lugar.


El guión se basa en el libro del mismo título, primero de una serie dirigida al público infantil y juvenil, de la escritora alemana Cornelia Funke.


Quizá querer hacer una película para jóvenes y niños (y si no lo quisieron, así les salió), es uno de los lastres que arrastra la película durante todo su desarrollo.
Es un sueño para cualquier lector pensar que puede estar al lado de los personajes que le acompañan en los libros, traerlos al mundo real para codearse con ellos. Esta idea, que encierra infinidad de posibilidades, creo que ha sido desperdiciada en esta película que sufre una incapacidad absoluta para ofrecernos una pizca de ingenio.
Incluso reconociendo que la acción ayuda a que no se haga demasiado pesada, al final uno tiene la impresión de que lo que podría haber sido una película llena de fantasía (estamos hablando de cuentos, de historias de ficción), se queda en un relato bastante plano y, repito, con poco ingenio.




viernes, 5 de enero de 2018

ARRÁNCAME LA VIDA

"Arráncame la vida" es la historia de Andrés Ascencio (Daniel Giménez Cacho) y Catalina Guzmán (Ana Claudia Talancón), de su relación amorosa, de las relaciones y el poder entre hombres y mujeres, de los cómplices del poder. Es la historia de una mujer que busca la libertad en una Puebla machista de 1930.
Catalina encuentra en Andrés, un hombre simpático y poderoso, una vía para salir de su pequeño mundo, de acceder a cosas más a la medida de su curiosidad y sus ganas de vivir. Pero muy pronto descubre que al haber ligado su vida a la de Andrés, también está perdiendo su libertad. Catalina ha dejado de ser feliz junto a él. Está creciendo, descubriendo el mundo, y de pronto se da cuenta de que no es libre, de que quiere serlo. Pero liberarse de ese hombre tan poderoso es poco menos que imposible. Catalina empieza a vivir como mujer cuando entra al Palacio de Bellas Artes y conoce al director de la orquesta: Carlos Vives (José María de Tavira).
Vives es la contraparte de Andrés. Vives es moral, casi idealista, joven, guapo, aunque también ambicioso. Y Vives trata a Catalina como un igual. Catalina ve con él lo que pudo haber sido su vida, lo que aún podría ser. Pero Vives también quiere el poder, aunque lo quiera por causas legítimas. Andrés descubre en Vives a un rival (tanto en lo político como con su mujer), y lo manda matar sin aspavientos, como se deshace de todo aquel que le estorba. Y no es hasta que Catalina sufre en carne propia las consecuencias de ese poder arrollador, que decide que no puede seguir siendo cómplice y víctima de ese poder.


El guión está basado en la novela del mismo título de la escritora mexicana Ángeles Mastretta, que también colaboró en el guión, junto al realizador del film, Roberto Sneider.


Bien ambientada, acercándonos a Puebla y a México D.F. en los años 30 y 40 del pasado siglo, la película está correctamente interpretada, destacando la figura arrolladora de General Ascencio al que da vida Daniel Giménez Cacho, un malvado de esos que, sin llegar a caer simpático, en cierto modo conecta con el espectador.
Muy interesante también la selección musical que acompaña a la cinta, que incluye variaciones de temas emblemáticos de la música mexicana.


El film retoma los viejos temas que dieron cierto lustre al cine mexicano, a medio camino entre el drama romántico y el culebrón, pero con aires renovados, narrándonos la historia de una mujer, una de tantas en la época en que lo masculino dominaba, que se da cuenta de que todas sus inquietudes están coartadas por la voluntad de un marido déspota y posesivo, que no le niega los caprichos que hacen su vida confortable, pero que, al tiempo, se salta cualquier norma de respeto hacia el matrimonio. De fondo la vida política mexicana, las corruptelas, los asesinatos de los rivales, el desprecio por los desfavorecidos... Algunos critican que la película no entre más a fondo en estas cuestiones, pero no lo hace porque ese no es el asunto de la película, sino el trasfondo de la misma.
No es una gran película, pero es un trabajo muy digno, de esos que se ven con agrado, hecho con esmero a pesar de que no consigue trasmitir toda la pasión que el relato encierra.




jueves, 4 de enero de 2018

THE MEYEROWITZ STORIES

Una familia de genios que transitan con paso firme por la frontera entre la ternura más pudorosa y la genuina desesperación. En esta pequeña odisea familiar protagonizada por un padre (Dustin Hoffman), tres hermanos traumatizados (Ben Stiller, Adam Sandler y Elizabeth Marvel), una madrastra (Emma Thompson) y la hija del personaje de Sandler (Grace Van Patten), el film y su director Noah Baumbach, se alinea, espiritual y empáticamente, más cerca que nunca de sus personajes. Pese al desencanto general, todos gozan de momentos de brillo o reconocimiento, y todos acaban ganándose nuestra simpatía por sus actos, sus convicciones o simplemente por su encanto cómico.
El padre es un patriarca narcisista que oculta la sombra del fracaso profesional –sus esculturas vanguardistas nunca se verán en el MoMA– bajo un torrente de altanería tan ensimismada como hilarante.
Los miembros de la familia andan cada uno por su lado, cada cual con su vida, pero se reúnen para un evento que celebra la obra artística de su padre. A raíz de este encuentro y durante el mismo, surgirán los conflictos familiares.


La película se presentó en el último Festival de Cannes y obtuvo críticas de diverso signo. No ha sido estrenada en las salas comerciales españolas, que yo sepa.


Film complejo, en algunos aspectos, de esos que algunos llaman cine de autor. La película transcurre con cierta pausa entre diálogos que pretenden ser ingeniosos, reflexivos y divertidos, aunque no siempre lo logra, dando la impresión por momentos de que transcurre de manera lenta, sin que ocurra nada relevante.
Muchos (entre los que me cuento) han visto trazas del cine de Woody Allen, aunque no hay que buscar coincidencias ni caer en comparaciones, únicamente que se parece en algunos aspectos, pero sin llegar a ser más que lejano ese parecido.
Interesante banda sonora que incluye algunas canciones que interpreta Ben Stiller.
Lo mejor del film, las interpretaciones, sobre las que sin duda se sostiene buena parte de su interés.




miércoles, 3 de enero de 2018

A CIEGAS

Comienza con imágenes desde diversos puntos de vista, de un cruce de calles, aparentemente un lugar muy transitado, tanto por peatones, como por vehículos. Cuando el semáforo cambia a verde para los automóviles, uno de ellos frena repentinamente y se produce un soberano atasco que nadie entiende, comenzado el clásico concierto de claxons. Entre la desesperación de la mayoría y la actitud más sosegada de unos pocos que tratan de averiguar a qué se debe aquello, descubrimos que el inicio del incidente está en que un hombre se queda ciego repentinamente cuando conduce del trabajo a casa. De repente, todo su mundo se convierte en una neblina lechosa e inquietante. Una tras otra, cada persona que se cruza –su mujer, su médico, incluso el aparentemente buen samaritano que le lleva a su casa– correrá la misma suerte en un momento dado. A medida que se extiende el contagio y el pánico y la paranoia se apoderan de la ciudad, las víctimas de la ceguera repentina, de “La enfermedad blanca”, son confinados y sometidos a cuarentena en un psiquiátrico abandonado en donde cualquier parecido con la vida normal empieza a desvanecerse. Dentro del hospital en cuarentena hay un testigo secreto: una mujer (Julianne Moore) que finge estar ciega para poder estar junto a su marido (Mark Ruffalo).


Basado en la novela de José Saramago "Ensayo sobre la ceguera", que había sido publicada en 1995, una fábula apocalíptica sobre una epidemia de ceguera que ataca primero a un hombre, luego a una ciudad y, por último, a todo el planeta, con una furia y velocidad devastadoras.


El autor portugués se resistía a vender los derechos sobre su novela y puede que, en parte fuera por su temor a ver convertida su obra en una película de zombies y que se perdiera la referencia política subyacente en la historia.


A pesar de que parece que la película la deja un poco de lado para centrarse en el colectivo que ha sido recluído en el hospital abandonado, la crítica política, la crítica hacia el poder, esa especie de compromiso cívico, está presente a lo largo del film. Se nos narra que las autoridades debaten sobre aumentar el presupuesto para investigación, debaten los ministerios de sanidad, los gobiernos, debaten en la ONU, pero, como también se dice en la película: no se dieron cuenta que la plaga no entendía de burocracias.
La película es una metáfora de la sociedad en que vivimos y de su propia ceguera, los afectados son encerrados en una salvaje cuarentena, al que se sale de la fila, sencillamente le disparan, cumplen las órdenes que reciben sin saber lo que está ocurriendo y se ven relegados a la condición de ganado, de masa informe, despojados de su condición de personas. En su confinamiento salen a relucir lo mejor y lo peor de la condición humana, por un lado la solidaridad, por otro el ansía de poder, de dominar a los demás y sacar provecho personal de una situación de la que también son víctimas, pero los amorales no entienden de sentimientos.
Maravillosa la interpretación de Julianne Moore en un film en el que, pesar del descarnado mensaje, al final, la luz de la esperanza se sobrepone a la ceguera humana.
Para reflexionar sobre nuestra propia irracionalidad.