miércoles, 10 de mayo de 2017

LAS NORMAS DE LA CASA DE LA SIDRA

Al hospital St. Cloud´s se acercan muchas parejas o mujeres solas en situaciones desesperadas, dispuestas a abortar o abandonar a un hijo no deseado, que ponen en manos de un médico modélico, el doctor Wilbur Larch (Michael Caine), un profesional curioso de la medicina, mitad pediatra y mitad ginecólogo, aficionado al éter y muy afectuoso con los niños de su orfanato. Éste siente un cariño especial por Homer Wells (Tobey Maguire), al que tras dos intentos fallidos de adopción empieza a entrenar en las labores que él mismo desarrolla en la institución, entre ellas, la práctica de abortos. Wells quiere al doctor Larch como a un padre, pero no está convencido de estas prácticas y se niega a realizarlas, para disgusto del doctor Larch, a pesar de lo cual este transmite a su pupilo cuanto sabe de medicina. Homer cree que necesita crecer fuera del hospicio y conocer mundo. La ocasión se le presenta cuando una joven pareja de novios, Candy Kendall (Charlize Theron) y Wally Worthington (Paul Rudd), hace su aparición con la intención de que a ella le practiquen un aborto. Enamorado de Candy, Homer abandona con ellos el hospital y consigue trabajo como recolector de manzanas junto con unos temporeros negros. En la casa de la sidra donde se aloja conocerá el amor, pero también que las verdaderas normas que rigen nuestra vida sólo puede dictarlas el corazón.


Adaptación de una novela del mismo título, que John Irving, autor también del guión, escribió en 1985 y que en algunas ediciones españolas he visto titulada “Príncipes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra”, una frase de Dickens con la que el doctor Larch despide cada noche a los jóvenes internados en el orfanato (Goodnight, you princes of Maine you kings of New England!). Digo que me extraña este título para el libro en castellano, porque en su versión inglesa, que yo sepa, se titula como después se tituló la película: The Cider House Rules.
Sea como fuere, la adaptación le valió a Irving un Oscar al mejor guión adaptado, que dedicó a todos los profesionales que trabajan en el área de la planificación familiar y ayudan a las mujeres a tomar la decisión de tener un hijo o interrumpir su embarazo.


Esta es una de esas películas que lo tienen casi todo, una excelente fotografía, estupendo acompañamiento musical de Rachel Portman y unas buenas actuaciones.
En cuanto a la historia, no crean que el film es una buena película solo porque detrás hay una buena historia, de hecho cuántas veces vemos guiones que machacan la novela, sin embargo aquí, el sueco Lasse Hallström, en algunas fases, mejora el original literario, por ejemplo, hay unas cuantas escenas en las que se ven las caras de los niños del internado, sobre todo cuando algún compañero es adoptado, que producen en el espectador una sensación que es muy difícil transmitir con palabras y que a través de las imágenes que consigue la película, nos llegan al corazón.
La película aborda una serie de asuntos, sobre todo el del aborto, pero también otros, como la convivencia interracial, el incesto o las relaciones de pareja, y lo hace con suma delicadeza logrando llegar al corazón, sin tener que recurrir a recursos sensibleros y sin que se lancen sobre el espectador mensajes moralizantes.
Las actuaciones están a la altura, quizá destacar a Charlize Theron que demuestra una vez más que no es sólo un rostro agraciado y una figura escultural, sino además una gran actriz y sobre todo la lección de interpretación que nos ofrece un Michael Caine sublime, que se llevó el Oscar al mejor actor de reparto, sección en la que competía con Tom Cruise, al que Caine le dijo: No te preocupes Tom, es mejor que no ganes en esta categoría o siempre serás actor secundario y nuestros trailers son siempre más pequeños, igual que nuestros sueldos.
Una estupenda película, que transcurre con calma, pero que no se hace pesada, todo lo contrario, con un estilo sencillo y con delicadeza y mesura a la hora de abordar los temas que centran su mensaje.
Muy emotiva.




martes, 9 de mayo de 2017

EL INFIERNO DE LOS JEMERES ROJOS

Denise Affonço trabajaba en la embajada francesa en Phnom Penh, la capital de Camboya, cuando los jemeres rojos tomaron el poder en abril de 1975. Affonço y su familia fueron deportados al campo, como la mayoría de los habitantes de las ciudades camboyanas; el régimen había decidido instaurar un estado agrícola y todos los ciudadanos fueron obligados a trabajar la tierra.
En el libro, la autora relata su experiencia durante aquellos años y para ello se basa en los cuadernos que escribió en 1979, pocos meses después de ser liberada, mientras preparaba su testimonio en el proceso contra Pol Pot, principal líder de los jemeres rojos, convirtiéndose en uno de los escasos testimonios publicados sobre el terrorífico régimen que se mantuvo en el poder en Camboya entre 1975 y 1979 y uno de los más desgarradores relatos sobre la opresión política que han visto la luz en los últimos años.
Denise, camboyana de nacimiento, hija de padre francés y madre vietnamita, vivía en este país, encrucijada de intereses internacionales hasta la llegada de los jemeres rojos, a los que los pobladores de Phnom Penh recibieron entre vítores creyendo que llegaban los auténticos liberadores de la opresión vivida en aquel antiguo protectorado francés.
Pronto caerían en la cuenta de que el descenso a los infiernos era lo que de verdad había llegado y en abril de 1975, comenzaba en Camboya su gran tragedia histórica, en el que quería ser un modelo de estado antiimperialista dirigido por unos enloquecidos fanáticos que se mostraron como crueles y despiadados asesinos.
En cuatro años, dos millones de personas (la cuarta parte de la población) murieron a base de torturas o dejándoles perecer de hambre para ahorrar munición. A los occidentales nos resulta una historia, aunque conocida, lejana, en parte también porque el resto del mundo volvió la cabeza para no ver el horror. Angkar, el partido omnipresente, impersonal, todopoderoso, reestructuró sus vidas desde el nuevo diseño de una sociedad supuestamente feliz basado en varios mandamientos que debían aprender de memoria: todo el mundo será reformado por el trabajo; tendrá prohibido robar; habrá que decir la verdad a Angkar, a quien se obedecerá ciegamente; quedará prohibido expresar sentimientos de alegría o de tristeza, así como sentir nostalgia del pasado; nunca nadie se podrá quejar de nada; será obligatoria la autocrítica en público en reuniones diarias de adoctrinamiento; la ropa nunca será de colores y los niños serán separados de sus padres, ya que a partir de ese momento serán educados en la única dependencia del partido.
Aunque pueda parecer sorprendente, la tragedia pasó poco menos que desapercibida en occidente, cuando no negada o suavizada por una parte de la grey progresista que hablaba de propaganda anticomunista. Denise Affonço que había presenciado la muerte por inanición de su hija pequeña y de sus cuatro sobrinos, había perdido a su marido y había sobrevivido cuatro años durmiendo en una esterilla, trabajando quince horas al día en los arrozales camboyanos y sobreviviendo a base de insectos, saltamontes y hierbas del campo, mientras veía a los hijos de los dirigentes locales y a los delatores bien alimentados, incluso gordos, decidió rescatar sus apuntes y buscar quien se los publicara, precisamente cuando oyó a uno de estos progres hablar de que en Camboya no había ocurrido nada de lo que se contaba.
En cualquier caso, el libro es un testimonio de primera mano, un relato demoledor de algo que la propia autora pensaba que no podía repetirse tras la caída del régimen nazi treinta años atrás, pero como se viene a demostrar, la maldad del ser humano, no tiene límites y hay locuras colectivas que siguen siendo posibles hoy en día, todos los estamos viendo cada jornada en los noticiarios con los fanáticos religiosos que buscan sembrar la muerte y el pánico y que, en ocasiones, nos llevan a pensar que lo único que nos queda es rezar para que todas estas tragedias, no nos pillen de cerca.



lunes, 8 de mayo de 2017

EL TALENTO DE MR. RIPLEY

En una fiesta privada que se celebra en el ático de un apartamento neoyorkino, actúa una cantante clásica para un selecto grupo de invitados, al piano la acompaña el joven Tom Ripley (Matt Damon), un tipo sin muchos recursos que trabaja como mozo en unos lavabos. Para no desentonar en el evento, Ripley ha tenido que pedir prestada una americana y la que le han dejado lleva el escudo de la universidad de Princenton.
Al final de la actuación, el rico industrial Herbert Greenleaf (James Rebhorn) charla con él y le pregunta si fue condiscípulo de su hijo, Ripley no deshace el equívoco y da a entender que en efecto fue compañero de estudios en Princenton de Dickie Greenleaf (Jude Law), hijo de Herbert y queda citado con él para visitarle en el astillero de su propiedad. En esta visita, Herbert Greenleaf, pide a Ripley que viaje hasta Mongibello, una ciudad al sur de Nápoles donde Dickie y su novia Marge Sherwood (Gwyneth Paltrow) se dan la gran vida. Herbert Greenleaf confía en que Tom convenza a Dickie para que regrese con el fin de hacerse cargo del negocio familiar y acompañar a su madre enferma. Tom viaja a Europa con un cheque de mil dólares en el bolsillo, cortesía del señor Greenleaf y cuando conoce a Tom y a Marge queda fascinado por el tipo de vida que llevan, estableciendo con ambos una turbia y compleja relación en la que entran en juego su astucia y capacidad para el engaño.


Basado en la novela del mismo título de la norteamericana Patricia Highsmith, publicada por primera vez en 1955. El personaje central, Tom Ripley, volverá a protagonizar otras cuatro novelas de la autora.
La historia había sido llevada anteriormente a la pantalla en una película francesa de 1960, titulada A pleno sol y protagonizada por Alain Delon.


Anthony Minghella estaba rodando El paciente inglés, cuando se enteró del fallecimiento de Patricia Highsmith y supo que tenía que hacer un homenaje a la escritora que había llenado algunos de sus mejores momentos como lector, así que en cuanto tuvo ocasión se puso a escribir el guión de esta película y lo hizo con la maestría que le llevó a ganar un Oscar y a ser nominado como candidato a mejor guión por esta que ahora comentamos.


Tom Ripley es un personaje fascinante, un tipo complejo, turbio y amoral que explota la hipocresía social para ascender precisamente en esta sociedad y que, al contrario de lo que ocurre en otras obras, no será detenido, ni castigado por sus crímenes, sino que encontrará una salida hacia arriba en sus aspiraciones.
Bien interpretada, la película tiene algunos momentos en los que se impone una intriga bien llevada, aunque no se hace especial hincapié en ella y no es de lo más llamativo, sino que forma parte de un todo en el que lo principal es el estudio de los personajes y en concreto del protagonista.
La película es entretenida, aunque para mi gusto, hubiera quedado mejor con bastante menos tiempo, porque en algunos momentos, ese gusto de Minghella por el detalle y las escenas que podíamos llamar decorativas, ya que aportan poco o nada a la narración, hace que pueda resultar aburrida en esos tramos para algunos espectadores.




viernes, 5 de mayo de 2017

YERMA

Yerma (Aitana Sánchez-Gijón), es una mujer del campo andaluz, que lleva dos años casada con su esposo Juan (Juan Diego), pero no pueden concebir hijos y esto acaba por convertirse en una verdadera obsesión, pues para ella la maternidad es, no solo la culminación, sino la verdadera esencia de la vida de una mujer. Su esposo pasa mucho tiempo trabajando en el campo, especialmente de noche, y pone más esfuerzo en ganar dinero que en crear una familia. Yerma está convencida de que la poca pasión que Juan pone en sus relaciones es la verdadera causa de que el ansiado embarazo nunca llegue.
Al principio de su matrimonio, Yerma aún tiene la esperanza de que podrá tener hijos, pero los embarazos de sus amigas le provocan celos y tristeza.
De hecho, su amiga María (Mercedes Sanz-Bernal) le dice que es la única de todas las novias de su edad que aún no es madre. Un día en que va al campo a llevar la comida a su esposo, Yerma se encuentra con una Vieja (Irene Papas) que le pregunta si realmente le gusta su marido. Ella dice estar siempre dispuesta a tener relaciones con él, pero que sólo ha sentido el deseo verdadero con un joven que trabaja como pastor, Víctor (Jesús Cabrero), cuando apenas tenía 14 años y éste la cogió en sus brazos para saltar una acequia.
El guión de la película es de la propia realizadora del film, Pilar Távora y se basa en la obra teatral homónima de Federico García Lorca.


Estamos ante una película bien hecha, con una interesante selección musical basada en aires populares andaluces, llevada a cabo por la directora del film, con un vestuario diseñado por Victorio & Lucchino y con el señuelo de una actriz tan reputada como la griega Irene Papas en el reparto que encabezan Aitana Sánchez-Gijón, que sale airosa de la ocasión y Juan Diego, que intenta estar más contenido que en algunas otras de sus actuaciones. Es una especie de homenaje al poeta granadino en el centenario de su nacimiento.
Ver hoy día cualquiera de las tres grandes tragedias de Lorca (las otras dos son Bodas de sangre y La casa de Bernarda Alba ), sigue produciendo admiración en el espectador, parece increíble que sus textos y sus entornos sean tan modernos y que un hombre supiera penetrar de aquella forma en el sentimiento de algunas almas femeninas, no es solamente esa especie de sensibilidad de la que carecen otros y que se atribuye a algunos homosexuales, va más haya, este hombre tenía un don, por eso cada vez que me acerco a él a través de su obra, se me saltan las lágrimas pensando en la salvajada que hicieron segando una vida que a saber lo que nos podía haber regalado aún de haber tenido la posibilidad de seguir con su obra. ¡Una tragedia! Además de a un hombre mataron la cultura y la sensibilidad de uno de los mejores.
El texto de Lorca, la simbología que emplea y ese retrato que hace él de mujeres oprimidas pero fuertes, valientes y seguras de sí mismas, es tan potente que buena parte del trabajo de Távora, sus esfuerzos por ofrece un envoltorio digno a la tragedia que escribió Federico, quedan totalmente eclipsados y nos parece una nadería lo que en otra película hubiera sido digno de mayor aplauso.
Incluso el gran trabajo de Aitana, se oscurece cuando pensamos en que esta obra ha sido representada por mujeres cuyo nombre, al pronunciarlo, nos empuja a una reverencia: Margarita Xirgu y Núria Espert.




jueves, 4 de mayo de 2017

¡VIVAN LOS NOVIOS!

Una pareja de burgaleses llega a Sitges para contraer matrimonio.
Leonardo Pozas (José Luis López Vázquez), el novio, decide correrse una noche de juerga antes de casarse. Por ello, en cuanto puede, se desembaraza de la madre y de la futura mujer, a las que deja en en apartamento en el que se encuentran hospedados, y sale a la calle dispuesto a todo. En su aventura encuentra personajes de lo más exóticos para él: féminas “guiris” que se besan entre ellas y un hombre de raza negra transformista al que confunde verdaderamente con una mujer. Todas estas “novedades” acaban por hacerle desistir de sus patéticos intentos de conquista anquilosados en una rancia tradición española.
Al día siguiente, cuando va a ver a su madre, descubre que ha muerto ahogada en la piscina del apartamento en la dejó la noche anterior. Tratando de evitar que este suceso entorpezca la boda, su mujer y su cuñado tratan de esconder el cadáver. Leo ya no sabe dónde se encuentra y qué esta haciendo con su vida, y solo tiene ojos para todos esos bañadores que lucen chicas francesas y americanas. Con ello trata de olvidar el futuro de luto (físico y espiritual) que le espera.


Segunda de las tres películas que Berlanga había firmado con Suevia Films, la productora de Cesáreo González. Nunca llegaría a filmar la tercera.


Tras el fiasco de La Boutique, Berlanga pensaba que nada podía ir peor, pero se equivocaba.
Esta vez pudo contar con la pareja protagonista que había pensado ya para su film anterior, pero se encontró con unos cuantos problemas, además de los habituales con la censura, la productora escatimó todo lo que pudo los medios y el dinero para una película que ya de por sí estaba concebida como de presupuesto medio bajo.
El realizador siempre se mostró descontento con el resultado y consideraba que lo que había filmado era una mala película, como ejemplo la última escena, en la que había imaginado que el cortejo fúnebre se convierte en una gigantesca araña que se va desparramando por las blancas calles de Sitges, una escena que había programado para tres días de rodaje y que al final quedó reducida a uno, pero como la chica irlandesa de la que se enamora el protagonista aparece en el aire, navegando colgada de una especie de cometa y aquel día había mucho viento, cuando intentó posponerla, los productores le conminaron a que rodara como fuera y acabase de una vez. La escena se rodó de cualquier manera en una mañana y la araña gigantesca quedó reducida a una miniatura cuyas patas formaban apenas tres o cuatro personas.


Leo por ahí cosas que hacen que una sonrisa se asome a mis labios, que si es una crítica a la España del desarrollismo, que si Berlanga pone en solfa al Régimen... Explicaciones que siempre tratan de buscar un significado político a las películas del director levantino.
En realidad lo que hace Berlanga es una crítica a la sociedad española del momento, pacata y anclada en viejos prejuicios, que con su tela de araña (de ahí la importancia metafórica de la escena final que le chafaron), coarta los sueños de libertad del protagonista, pero no nos referimos a libertad política, algo que no se menciona para nada en el film, sino de forma de vida en general, como contrapunto a la manera de vivir que ve en los turistas que pueblan las costas españolas.
De cualquier manera no es una película destacable, aunque en ella se ven atisbos del cine berlanguiano, sobre todo en su segunda mitad, con escenas que tienen algo de surrealistas.
Una película hecha como a golpes y de la que el mejor recuerdo que se llevó Berlanga fueron las gamberradas que hacían algunos miembros del equipo (incluído él) con las suecas (fueran de donde fueran, así las llamaban), a las que ataban a las farolas y hacían el paripé de que rodaban escenas del film, las dejaban allí un buen rato y cuando les parecía las soltaban y ellas encantadas porque pensaban que iban a salir en la película.




miércoles, 3 de mayo de 2017

VOLAVÉRUNT

María del Pilar Teresa Cayetana de Silva Álvarez de Toledo y Silva-Bazán, Duquesa de Alba (Aitana Sánchez-Gijón), una de las mujeres más bellas, liberadas y ricas de la España, de principios del siglo XIX, ha muerto. Jugaba a competir con la reina María Luisa de Parma (Stefania Sandrelli) no sólo en el número de amantes, entre los que estaban Goya (Jorge Perugorría) y Godoy (Jordi Mollà), y de joyas, sino en las más ínfimas cosas. Su vida estuvo marcada por su competencia feroz con la reina y su frustración por no poder retener al hombre que amaba, Godoy. Su inesperada muerte en misteriosas circunstancias, se convierte en el punto de partida de una historia de amores y lucha por el poder.
El guión adapta de manera libre, la novela homónima del uruguayo Antonio Larreta, Premio Planeta 1980.
Me apetece detenerme un poco en este hombre, un tipo muy culto cuya vida estuvo vinculada al teatro como autor, director y crítico.
Cuando recibió el Planeta, con cerca de 60 años, no había publicado un solo libro, pero tenía amplia experiencia en el teatro, como queda dicho y como guionista, quizá muchos no sepan que fue el creador de Curro Jiménez, de cuya exitosa serie televisiva fue guionista y colaboró en los guiones de Los santos inocentes y La casa de Bernarda Alba, de Mario Camus. Durante la dictadura cívico-militar uruguaya se exilió en España, residiendo en Madrid desde 1972 a 1985.


En el guión, Bigas Luna vuelve a contar con Cuca Canals y explora las relaciones entre la Duquesa de Alba con Godoy y Goya y su rivalidad con la reina María Luisa de Parma. Su argumento se centra en las circunstancias que llevaron a la muerte de la Duquesa de Alba, una de las mujeres más bellas y ricas de la época, cuando ella era la dama más envidiada de la corte, durante el reinado de Carlos IV (Carlos La Rosa).
Bien ambientada, las dos mujeres con papeles más relevantes (Aitana y Penélope Cruz), eclipsan con su presencia las actuaciones de sus partenaires masculinos (Perugorría y Jordi Mollà).
De las muchas escenas que podríamos comentar, pues en ocasiones la película está dispuesta a base de cuadros o sketches, hay dos en los que quiero detenerme (por dar una de cal y otra de arena). Una de ellos es la escena del principio de la película, en la que el cortejo de la Duquesa se topa con una procesión semanasantera en medio de la nada. No sé si Bigas habrá querido hacer un homenaje al surrealismo, pero no pega ni con cola, las procesiones de Semana Santa transcurren por los cascos urbanos o las inmediaciones de las villas y no en un secarral a cien kilómetros de la casa más cercana y encima lo adorna con la presencia de un "empalao" tal cual a los de Valverde de la Vera, cuando dice que estamos en Andalucía, que es como colocar a un guardia suizo en Florencia, a un beefeater en Liverpool o a un gondolero en el Sena. Ya se que penitentes hay en todas la semana santas, pero no coloques allí a un empalao, vístelo de otra cosa, que vaya simplemente descalzo con un sayal o algo así, pero no retrates, hasta en el mínimo detalle, a esta figura de la Semana Santa del norte extremeño. Para colmo, allí, en mitad del campo, le cantan una saeta a la virgen y en la escena siguiente, hay un sarao campestre con palmas y flamenquito. Todo un pastiche del typical spanish.
La otra escena, es la danza flamenca que enfrenta a Penélope y Aitana (Pepita Tudó, la amante de Godoy y la Duquesa de Alba), está sí me pareció más conseguida y encima con cierto morbo, una Aitana que estaba en los mejores años de su carrera y Penélope, cuya carrera estaba despegando en aquel momento.


Es una lástima que Bigas Luna se deje llevar, una vez más, por ese fetichismo que se centra en las insinuaciones sexuales, que a estas alturas no escandalizan, incluso pueden quedar bien para quien disfrute viendo chicha, pero lo de Bigas a veces parece obsesivo y lo que provoca es una mezcla entre risa y pena a quien ve la película.
La novela, una especie de thriller con ambientación y fondo histórico, es un relato interesante que parte de un boceto que Larreta tenía preparado para la televisión sobre la figura de Goya y que no llegó a ningún fin, así que con aquellos mimbres, fabricó una novela muy documentada, pues aunque el relato central es inventado, hay muchos detalles que son históricos, y que resulta entretenida de seguir.
En la adaptación, la parte que podríamos llamar policiaca o de misterio del film, no tiene prácticamente interés y el resto, pues tampoco, con lo que se convierte en una película, al menos para mí, bastante soporífera.




martes, 2 de mayo de 2017

LOS PANZERS DE LA MUERTE

Si había un autor imprescindible en los estantes de librerías y kioscos de los años 60 y 70, era Sven Hassel, seudónimo con el que firmaba el escritor danés Børge Willy Redsted Pedersen que, por cierto, desde 1964, hasta su fallecimiento en 2012, fijó su residencia en Barcelona y adquirió la ciudadanía española.
En 1953, escribió un libro, "La legión de los condenados", que alcanzó un éxito fulgurante, animado por el cual, Hassel siguió escribiendo libros ambientados en la II Guerra Mundial que se convierten en un homenaje a sus compañeros, casi todos muertos o desaparecidos, pero al tiempo en una peculiar visión de la guerra desde un punto de vista poco frecuente, como es el de los vencidos.
Hassel había emigrado a Alemania en 1930, a los 14 años, empujado por la crisis económica. Allí encontró trabajo en la marina mercante y años después se enroló en el ejército alemán, viéndose obligado a nacionalizarse para poder seguir en sus filas. Participó en la invasión de Polonia y en las campañas de Francia, Yugoslavia, Grecia y la Unión Soviética, para al final acabar rindiéndose al ejército soviético en Berlín. Convertido en prisionero de guerra, sería liberado en 1949.
Es cierto que esta biografía ha sido puesta en duda más de una vez, de hecho, el polémico periodista ultraderechista danés Erik Haaest (que ha negado la existencia de las cámaras de gas o la autenticidad del diario de Anna Frank), ha acusado a Hassel de no haber pisado nunca un frente en la guerra y de ser un simple colaborador de la policía danesa durante la ocupación nazi y que todas sus historias se basan en relatos escuchados a antiguos miembros de las Waffen SS escandinavas.
Lo que sí es más que dudoso es el rigor histórico de sus escritos, pues aunque parecen relatos autobiográficos, resulta raro que estuviera en todos los frentes excepto el de África (aunque es perfectamente posible) y las unidades de que habla en ellos, no se corresponden con sus descripciones, por ejemplo el Regimiento 27 de ejército alemán no era un batallón de castigo y los tanques "Tiger" que en esta novela que comentamos dice que eran conducidos por ellos, desde luego nunca fueron entregados a batallones de castigo, sino que estaban vinculados a unidades de élite. En general, los profesionales, nunca han considerado sus historias como auténticas.
Pero bueno, hechas estas salvedades, lo que sí está claro es que las novelas de Hassel, lograron que los lectores alemanes comenzaran a leer sobre un tema que era tabú.
Los libros de Hassel están poblados de estrictos oficiales prusianos y de fanáticos soldados fieles al führer, pero también de los entrañables compañeros de Hassel (Hermanito, Porta, El Legionario...), personas que se encuentran en medio del infierno bélico sin saber muy bien cómo han acabado allí, que desde su batallón disciplinario odian al nazismo, viéndose obligados a combatir y a morir por unas ideas en las que no creen.
En esta novela, como ocurre en otras del autor, vemos reflejado lo absurdo de la guerra, con la locura apoderándose de quienes en ella participan, sacando a relucir lo peor y lo mejor de cada uno de ellos, capaces de matar a gente que saben inocente y de enternecerse con otros. Hay un pasaje en ella, en la que ayudan a nacer a dos gemelas en medio de la estepa rusa y las meten en el tanque junto a su madre moribunda tratando por todos los medios de conseguir comida para ellas y cuidados médicos para la madre, mientras las cadenas del tanque despanzurran sin compasión a los refugiados que intentan subirse a él para huir de la guerra.
Y es que las novelas de Hassel son una buena combinación de reflexiones sobre la crueldad de hacer elegir al ser humano entre morir o matar y de aventura bélicas. Un magnífico entretenimiento.