jueves, 9 de marzo de 2017

LOS JUEVES MILAGRO

Fontecilla, un pueblo que vivió tiempos de esplendor gracias a la fama de su balneario, sobrevive a duras penas gracias al campo y a un limitadísimo turismo que apenas deja beneficios; ni siquiera el tren para ya en la estación. Don Ramón (Arturo Romea), el dueño del decrépito balneario, cuyo edificio otrora espléndido, está lleno de goteras, harto de su escasa y poco aristocrática clientela, en connivencia con el alcalde, D. Antonio (Juan Calvo); el maestro, D. Salvador (Paolo Stoppa); el médico, D. Manuel (Manuel de Juan); el farmacéutico, D. Evaristo (Félix Fernández) y don José (Pepe Isbert), un acaudalado propietario, urde un plan: organizar una "aparición mariana", como la de Lourdes, que atraiga al turismo y a los devotos. Cuando se dan cuenta del extraordinario parecido que hay entre Don José y una vieja talla de San Dimas, el buen ladrón, el problema queda resuelto.
El grupo, se pone manos a la obra y organiza la aparición del Santo, que se repetirá cada jueves en la vieja estación y, a pesar de su reticencia inicial, Don José se encarga de interpretar al santo ante Mauro (Manuel Alexandre), un vagabundo de pocas luces, que recibe las primeras instrucciones y se encarga de difundir la buena nueva entre los lugareños, corriendo por las calles y pregonando a gritos el suceso.
La farsa empieza a dar sus primeros resultados, convocando a numerosos fieles cada jueves y dando una nueva notoriedad al pueblo. Pero un día llega a Fontecilla un ladrón que, ocultando su verdadera personalidad, insinúa conocer la conducta e intenciones de los impostores. Este hecho, unido a una serie de inesperados acontecimientos y a las cada vez más frecuentes curaciones originadas por el falso milagro, crea un gran desconcierto entre el grupo de farsantes, que terminan por perder el control y confesar su mentira, aunque nadie les cree.
La historia fue escrita con su amigo José Luis Colina, sobre una idea de Berlanga sacada de un episodio real de un falso milagro en la provincia de Castellón.


La película presenta una sátira social divertida de España a mediados de 1950. Es una burla de la simplicidad que abunda en el fervor religioso de la gente común, crédulos y manipulados, de la omnipresencia de la religión en el mundo civil y su enorme influencia, del uso de la religión como un instrumento de poder y del oportunismo de las autoridades.
Berlanga tuvo problemas muy pronto, de donde menos esperaba, pues con la censura española ya contaba, pero resulta que la productora italiana (es una coproducción hispano-italiana), era nada menos que del Opus Dei que envió a un tipo, un tal Paolo Moffa que se colaba en los rodajes y no paraba de meterse donde no le llamaban. Total que Berlanga debió acabar hasta el gorro.
Además tuvieron que reescribir ochenta páginas de guión para que pasara la censura, un tal padre Garau fue enviado para que "colaborara" en la reescritura. Berlanga, con esa socarronería tan propia de él, quiso que figurara en los títulos de crédito como coguionista, aunque al final no lo consiguó.
Algún critico dijo de la película que estaba "poco elaborada", ¡pero si se había cambiado el 60 por ciento de la película!, decía Berlanga.
Podemos ver magníficas actuaciones como la de José Isbert, siempre brillante  o Manuel Alexandre, su personaje es corto pero enjundioso. Y como anécdota la aparición del entonces niño, Luis Varela que después fue gran actor de comedia y la actuación sobria de José Luis López Vázquez en el papel de párroco, antes de caer en el personaje histriónico que caracterizó buena parte de su carrera posterior.
También interviene el norteamericano Richard Basehart (el almirante Nelson de la inolvidable serie de TV "Viaje al fondo del mar").


La sensación de que nada es esforzado, que la interpretación fluye, a la que contribuyen en gran parte las imágenes y a los encuadres., cambia hacia la mitad del film, cuando aparece el personaje de Basehart, en que parece que todo se vuelve un tanto más artificioso. De ser un relato en que predomina una especie de picaresca, se mete en terrenos metafísicos y el film, al menos para mí, pierde mucho interés.




miércoles, 8 de marzo de 2017

LA MIRADA DEL OTRO

Begoña (Laura Morante), heredera de la tradición de una familia de la alta burguesía, es una mujer moderna, inteligente e independiente, pero que se encuentra fuera de sitio, sin lograr encontrar su puesto en la vida. Por recomendación de su psiquiatra, Begoña escribe un diario al que cuenta sus experiencias diarias. Su fidelidad a ese diario la inclina irremisiblemente a una doble vida en la que los deseos y la realidad se funden y se confunden. La mujer se entretiene de amante en amante y de práctica sexual en práctica sexual. Lo intenta con un motorista solitario; con un pintor para el que hizo de modelo; con un compañero de trabajo… y, casi al final, se echa de nuevo en brazos de un adolescente con el que tuvo una relación de una noche y al que no le hizo mucho caso.
El guión se basa en una novela de Fernando González Delgado por la que obtuvo el Premio Planeta en 1995. Se ve que aquel año, el Sr. Lara no encontró a ningún escritor de renombre dispuesto a entrar en su juego a cambio del más que sustancioso premio y optó por dárselo a quien por entonces salía todos los fines de semana en televisión presentado el telediario. ¡Qué mejor campaña de imagen! La novela tiene un alto contenido erótico y al decir de lectores y crítica, tampoco es que sea nada del otro mundo.


La película fue masacrada literalmente por la crítica y es que yo pienso que Vicente Aranda no consigue trasladar al espectador las que dice que eran sus inquietudes al hacer el film, que era ni más ni menos que tratar de la sexualidad femenina desde el punto de vista de las mujeres.
Yo no voy a entrar en los desnudos, si son más o menos gratuítos, pero en lo que se refiere al asunto del que Aranda pretendía hablar, creo que se pierde casi desde el principio, tras presentarnos a esta mujer aparentemente segura de sí misma a la que el sexo deja totalmente insatisfecha, el film se va enredando y es como si perdiera el norte. A eso le unimos algunas escenas en las que la protagonista se dedica a hablarle a un aparatejo llamado "buho", una especie de webcam que sustituye a su diario en papel, que acaban siendo reiterativas y artificiosas.
Penosos diálogos, y actuaciones pobres en general, con algún nombre conocido que sirve como reclamo sin apenas intervenir en el film. Quizá se salva Laura Morante que hace lo que puede, pero su papel no da más de sí.
Film bastante prescindible.




martes, 7 de marzo de 2017

PATRIA

"El conflicto", así se conocía en los círculos abertzales la penosa situación que vivió el País Vasco durante los largos años del plomo. Un eufemismo, otro más a los que tan aficionados somos los españoles en los últimos tiempos.
Pero qué había detrás de una simple palabra, cómo todo un pueblo pudo estar sumido durante tanto tiempo en una situación sin sentido, unos víctimas, otros verdugos, otros más cómplices por acción u omisión, pero todos implicados, porque, aunque quisieras, no te dejaban escapar sin que te vieras inmerso en aquella espiral de una forma u otra.
Fernando Aramburu nos cuenta la historia de dos familias, euskaldunes hasta la médula, gente sencilla habitantes de un pueblo cualquiera, amigos de siempre, "El Txato" y Joxian, pareja de mus en la Arrano Taberna, miembros del club cicloturista, con el que se van todos los domingos a pedalear y, por otro lado, las esposas, también amigas de siempre, Bittori y Miren, que a punto estuvieron de ingresar juntas en un convento cuando eran unas jovencitas, tardes de cafetería en sus visitas a Donostia para intercambiar confidencias sobre absolutamente todo lo que concierne a sus vidas.
Aquella intimidad entre familias se pierde cuando al Txato, que regenta una empresa de transportes le empiezan a extorsionar, primero cartas exigiendo el impuesto revolucionario, después pintadas , primero sin mayor intención que amedrentar (Txato chivato...) y luego más directas: ETA mátalo, o la que apareció con su apodo en el centro de una diana.
Joxe Mari, el mayor de los hijos de Miren y Joxian acaba en ETA y Miren se radicaliza, como la gallina que sólo ve por los ojos del polluelo que le ha salido peleón. Al Txato y a Bittori les hacen el vacío en el pueblo, están señalados y no conviene hablar con ellos para que no te señalen a ti también. Para Miren pasan a ser "esos", no vuelve a pronunciar sus nombres y les retiran el saludo y la palabra. Joxian, hombre débil y apocado, sabiendo que es por pura cobardía, pero sin hacer nada para evitarlo: "No puedo saludarte, me traería problemas. Pero aunque no te lo diga de palabra, te saludaré con el pensamiento", le dice Joxian al Txato un día en que le espera en la oscuridad para darle las explicaciones que no se atreve a darle a plena luz. Y el Txato le responde: "¿Alguna vez te han dicho que eres un cobarde?"
Y esa es la historia de ETA y del tiempo en que se adueñó de todo un país, una historia de matones y cobardes. Pero ojo, que tampoco sabemos lo que otros hubiéramos hecho en aquellas circunstancias, estamos hablando de mafiosos, de gente que quema, aísla y mata si no respetas la omertá.
Al Txato lo matan un día de lluvia y los miembros de su familia, su esposa y sus dos hijos, se convierten en víctimas, gente molesta y más a ojos de fanáticos como Miren. ¿Por qué mataron al Txato? Algo habrá hecho, ese es pensamiento de quienes justifican lo injustificable.
Por el libro de Aranguren pasan todos ellos, los que no saldrán en los libros de historia, los que vivieron en sus carnes "el conflicto". Bittori en busca de que le pidan un perdón que cree que merece, más por su marido asesinado que por ella misma y Miren convencida de que a su hijo le han metido en una cárcel, no por matar, sino porque entregó su vida al servicio de una Euskal Herria víctima de un estado opresor, prueba de ello es que lo han llevado a una cárcel alejada de los suyos. También se habla de la vergonzante actuación de la Iglesia Católica, con sus continuos mensajes de buenos y malos, amparando crímenes y a sus ejecutores; habla de aquellos que trataron de escapar del lazo que se les tendía ante la incomprensión, la burla y el acoso de quienes estaban más cercanos; del encargado de la taberna, que señala objetivos, de los hijos de maketos que acabaron siendo parte activa del terrorismo...
Cualquier joven vasco de la época pudo haber caído en las garras de ETA, dice Aramburu. Es cierto, porque eran gente normal, que dan el perfil que Annah Harendt expone en su "La balidad del mal". Ellos rompen, queman, insultan y matan convencidos de que lo hacen por el bien de una patria que consideran oprimida y les importa poco quién es aquel contra el que aprietan el gatillo, es un enemigo porque así se lo han dicho, pero no se han parado a analizarlo y son absolutamente inconscientes del mal que están creando, de la espiral de odio a la que contribuyen. Joxe Mari, el etarra, cuando empieza a reflexionar, es cuando comienza a darse cuenta de qué es lo que ha hecho y las consecuencias sobre las personas que han tenido sus acciones.
Un libro necesario para entender qué es lo que ocurrió (lo que aún ocurre) desde el día a día, a través de una historia de gente sencilla, normal y corriente, como dijo José Carlos Mainer en El País: "Patria" es, sobre todo, una gran y meditada novela. Pero la tradición del género lleva incluida la virtud de explicar a sus contemporáneos algo del mundo que les ha tocado vivir, o que forma parte de su herencia: amalgamar evocación y análisis. Lo hicieron los "Episodios nacionales", de Galdós, justo cuando hacía falta recordar y suturar discordias civiles, y lo hizo "Guerra y paz", de Tolstói, cuando corría riesgo de olvido el origen de la Rusia moderna. Lo mismo están logrando ahora las novelas de Fernando Aramburu.



lunes, 6 de marzo de 2017

EL CRIMEN DEL CINE ORIENTE

Barcelona a comienzos de los años 50, Salvador (Pepe Rubianes) y María (Anabel Alonso), dos seres sin suerte en la vida, se encuentran casualmente: A ella la acaban de despedir de la casa en la que servía, cuando la señora descubre que se acostaba con el marido y el hijo. Salvador es el encargado del cine Oriente, lugar que escoge María para protegerse de la lluvia. Deciden iniciar una vida en común pero sus esfuerzos resultan inútiles. El fracaso, la frustración y la mala suerte los acompañan. Él se refugia en la bebida, por sentirse un hombre fracasado. Una de tantas noches en las que llega bebido, Salvador le recrimina la obsesión de María por escribir cartas a una supuesta hija que nunca envía. Presa de la ira, María lo apuñala hasta la muerte, y comienza a descuartizarlo para que los gatos de la calle se coman sus trozos.
El guión adapta una novela del aragonés Javier Tomeo publicada en 1995 que, con algunas variaciones, respeta bastante el espíritu del libro.
Pedro Costa, el realizador y coguionista del film, mantenía que la historia de un país se puede seguir a través de las páginas de sucesos, no por lo que estos signifiquen en si mismos, sino porque el entorno en el que se suceden los actos criminales, refleja la vida del momento.
Y eso ocurre aquí, alrededor de la relación interesada de los dos protagonistas, asistimos al retrato de una parte de la sociedad española de finales de los 40, principios de los 50, por medio de las gentes que pueblan el barrio y de quienes asisten al cine Oriente.
El film se convierte también en un pequeño homenaje a la cinematografía de la época, porque vemos desfilar las películas que se proyectaban, sobre todo sus carteles, pero también algunas secuencias (La Lola se va a los puertos, Lo que el viento se llevó, La dama de las camelias, Alba de América, Pinocho, La señora Miniver, El mundo en sus manos, Una noche en la ópera, Levando anclas y muchas otras). Incluso hay una escena onírica en la que los protagonistas suplantan a Rita Hayworth y Glenn Ford en la famosa escena de la bofetada de Gilda.
Es una película de factura correcta y sólido guión, la historia de dos fracasados en una España donde el día a día era duro de sobrellevar, aunque empezaba a vislumbrarse la luz al final del tunel y con unas magníficas actuaciones de dos actores a los que estamos acostumbrados a ver en papeles secundarios, demostrando un estupendo registro dramático que no ha sido explotado en ellos a lo largo de sus respectivas carreras.
Un trabajo muy digno que merece la pena ver. 




viernes, 3 de marzo de 2017

20TH CENTURY WOMEN

Nos situamos a finales de los setenta del siglo XX. Jimmy Carter lanza su discurso sobre el malestar tras la crisis del petróleo. Habla de la sociedad de consumo y del culto a la autoindulgencia mientras los jóvenes escuchan punk como forma de canalizar su rabia. Se termina una época. Los años ochenta se encargarían de echar por tierra cualquier tipo de ideales, estamos asistiendo a los últimos coletazos de ingenuidad del pueblo americano.
Tres mujeres, cada una de ellas instalada en una etapa diferente de su vida, se hallan unidas por una misma misión: la educación emocional de Jamie (Lucas Jade Zumann), un adolescente que se nutrirá de este efervescente gineceo para configurar su definitiva personalidad.
Ellas son Dorothea (Annette Benning), Abbie (Greta Gerwig) y Julie (Elle Fanning). Su madre, su amiga y su objeto de deseo. Tres generaciones de mujeres con opiniones sobre la vida propias de su edad y su tiempo. La primera de ellas, con un cierto desencanto, la segunda, rebelde y luchadora. La tercera, la más joven, marcada por el cinismo.
Cada una le enseñará a Jamie alguna lección importante. Todo ese aprendizaje irá clavándose a fuego en la tierna y chispeante conciencia de Jamie, que se propone ser un buen chico que satisfaga a las mujeres.


Mike Mills, autor del guión además de realizador del film, nos acerca una comedia dramática que nos habla de la vida, así como suena, de esas cosas que nos pasan cada día. Lo hace con personajes absolutamente creíbles en los que podemos reconocer a cualquier persona de nuestro entorno cuando no, a nosotros mismos.
Y es que Mills se apoya en sus propias experiencias, los personajes que aparecen en el film son gente que ha conocido, con experiencias vividas por ellos, no es que sean reflejos, tal cual, de esta o aquella persona, sino que recogiendo de aquí y de allá, ha ido componiendo cada uno de ellos.


La película encierra un homenaje a su madre y, por medio de ella, a las mujeres nacidas en los años 20, luchadoras y que hubieron de enfrentarse a los duros años de la II Guerra Mundial, al trabajo fuera de casa y a unos hijos nacidos en un mundo cambiante en el que las relaciones de familia habían cambiado definitivamente.
El film. además, trata de hacer visibles a las mujeres, habla de sus problemas, lo hace sin acritud, pero sin ningún tipo de tapujos. Y también de los hombres y el papel que les va a tocar vivir en una sociedad en la que ellas tratan de sacar la cabeza del agujero en que han vivido y, entre otras cosas, van a plantear sus propias exigencias y a manifestar sus opiniones.


Estupendo film que ha llegado un poco tarde al circo este de los premios (tan solo estuvo nominada, en los Oscar, en el apartado de mejor guión original) y que, por lo que tengo oído y leído no se va a estrenar en las salas españolas, Sony Pictures ha decidido sacarla directamente en DVD y plataformas digitales. ¿Por qué lo hacen así?, pues la verdad es que no lo sé, tal vez no saben muy bien qué hacer con ella, siendo como es una de las mejores películas del año recién acabado.
En ella podemos disfrutar, además de una historia bien contada y de un magnífico guión, de una banda sonora elegida con gusto, en la que suenan algunos artistas de la última época del punk y unas interpretaciones muy logradas, entre las que destaca con luz propia Annette Benning.
Si tienen ocasión, no se la pierdan.




jueves, 2 de marzo de 2017

EL GIRO

En el invierno de 1417, Poggio Bracciolini cruzó a lomos de su caballo los boscosos montes y valles del sur de Alemania rumbo a su remoto destino, un monasterio del que se decía que ocultaba antiguos manuscritos tras sus muros.
Es el comienzo del libro que nos ocupa, con el que su autor, Stephen Greenblatt, obtuvo el National Book Award 2011 y el premio Pulitzer 2012. Su lectura es un ejercicio fascinante, en él se nos habla de un personaje, Poggio Bracciolini, que llegó a ser primer secretario del romano pontífice, dotado de una maravillosa caligrafía que hacía de él un copista excepcional, era un humanista y, sobre todo, un buscador de textos perdidos, un verdadero cazador de libros al que nada va a detener en su objetivo. En una polvorienta biblioteca cuyo emplazamiento, como buen coleccionista, nunca quiso desvelar, dio con una joya inesperada: el largo poema de Tito Lucrecio Caro, De rerum natura. Su existencia era conocida indirectamente a través de las citas de muchos autores romanos pero el original se daba por irremisiblemente perdido. Le temblaron las manos de emoción, según le contó a su íntimo amigo, el humanista y canciller de la República de Florencia, Niccolò Niccoli. Inmediatamente contrató un amanuense para que le hiciera una copia, porque los desconfiados monjes no le dejaron sacar el libro de la biblioteca del monasterio. Comenzaba así una aventura intelectual que, según Greenblatt, contribuiría a cambiar el mundo moderno. Un libro del que Ovidio había dicho: «Los versos del sublime Lucrecio perecerán el mismo día en que el orbe llegue a su ruina». Sin embargo, por lo que se ve, la pervivencia de la obra, estuvo pendiente de un finísimo hilo. Lucrecio defendía en su poema una visión del universo formado por minúsculas partículas, átomos, en constante movimiento que chocaban unas con otras para formar los cuerpos que eran materia y sólo materia. El alma, si existía, era sólo materia y los dioses, si existían, unos seres indiferentes al destino de los cuerpos materiales y, por lo tanto, de los hombres. Una concepción que chocaba frontalmente con la visión cristiana de la divinidad y el universo.
El Giro no se limita a hablar sobre el libro de Lucrecio, este ofrece una buena disculpa a Greenblatt que propone un largo viaje que se remonta a la Grecia en la que vivió Epicuro para seguir con la Roma que recibió sus escritos. Su descripción de la Villa de los Papiros de Herculano, donde su epicúreo propietario reunía a sus amigos para dialogar bajo la parra de un delicioso jardín sobre los volúmenes almacenados en la biblioteca (ahí estaba el De rerum Natura), resulta sencillamente admirable. Pero la luz se torna oscuridad cuando el trayecto abandona las verdes praderas del mundo clásico para adentrarse en las tinieblas del mundo medieval. Un universo de mentes obtusas, violentas, intransigentes, atenazadas por ideas castrantes, al que lo único que se le puede agradecer es que no destruyera por completo el legado recibido y conservara, sin duda por ignorancia de lo que hacía, algunos manuscritos olvidados en polvorientos anaqueles de recónditas abadías.
Por las páginas del libro circulan también Epicuro, Hipatia de Alejandría, Savonarola, Galileo, Tomás Moro, Quevedo, Montaigne, Spenser, Donne, Bacon, Shakespeare, Giordano Bruno, Thomas Jefferson y otros muchos personajes históricos que, para bien o para mal, tuvieron algo que ver (en ocasiones de manera tangencial), con las tesis de Lucrecio.
El libro abarca más de un asunto y recorre un largo periódico histórico que comienza el siglo I antes de Cristo, por lo tanto su tratamiento de algunos asuntos es por fuerza somero, sin embargo resulta ser un buen ensayo sobre el atomismo, el epicureísmo y el pensamiento científico confrontado a la visión teológica del mundo. No voy a entrar en el fondo del asunto, no tengo ni preparación, ni suficientes conocimientos para ello, pero por su fácil lectura y por sus aportaciones históricas, me parece una obra muy interesante, sobre todo si lo tomamos como lo que es, una novela histórica y no sobre filosofía.



miércoles, 1 de marzo de 2017

CARNE TRÉMULA

Una noche de 1990 tres hombres y tres armas coinciden en el vestíbulo de la casa de una familia italiana de buena posición en Madrid. En la casa está sólo Elena (Francesca Neri), hija de los propietarios, esperando ansiosa una visita. Los tres hombres son: Víctor Plaza (Liberto Rabal), un adolescente inmaduro y marginal y una pareja de policías, David (Javier Bardem), de 25 años y Sancho (José Sancho) que tiene 40. La televisión emite "Ensayo de un crimen" de Luis Buñuel. En otro barrio madrileño, Clara (Ángela Molina), la mujer de Sancho, riega las plantas de su terraza, inconsciente, pero no ajena, al drama que está ocurriendo en el vestíbulo de esa otra casa. Entre los tres hombres estalla una violenta discusión. Hay mucha confusión y mucho "cruce de cables". Una de las pistolas se dispara. La bala alcanza a David en plena columna vertebral.
El guión adapta una novela de la británica Ruth Rendell y aunque altera algunas cosas, respeta la esencia del relato original.
El film marca una especie de transición en el cine de Almodóvar, aún encontramos aquella especie de naturalidad casi naif de las primeras películas del manchego, mezclada con la elaboración y solidez que alcanza en su siguiente etapa, ya más maduro y experimentado como realizador.
Tras la genial secuencia inicial, made in Almodovar cien por cien, a lo largo de la película encontramos muchos de esos planos que son señas de identidad del realizador y que le dan ese aire entre transgresor y clásico a la vez, que son su sello diferencial y de calidad.  
Las escena de sexo están tratadas de manera exquisita, con la delicadeza de dos cuerpos unidos de manera poética.


Los actores, unos mejor que otros, con Liberto Rabal que sustituyó a Jorge Sanz que, tras una semana de rodaje, fue despedido porque no se entendía bien con Almodóvar; Javier Bardem que tuvo que realizar un trabajo físico descomunal, aprendiendo a manejarse en silla de ruedas como si llevara toda la vida sobre ella; Pepe Sancho que se hace odioso al espectador desde la primera aparición y eso es lo que le pedía el director; y una descomunal Ángela Molina, que no es santa de mi devoción, pero tengo que rendirme a la evidencia.
Para mí, una estupenda película.