lunes, 7 de marzo de 2011

GEOGRAFÍAS E HISTORIAS (1945-1975)

Tengo un libro en mis manos. Un libro escrito con el cariño y el esmero que se pone al hablar de las cosas de uno.
La autora, Helena Calsamiglia Blancafort, doctora en Filología Hispánica, especializada en un campo tan atractivo como la sociolingüística, ha sido profesora en las universidades Autónoma y Pompeu Fabra de Barcelona.
Hago este brevísimo apunte porque, a mi juicio, tiene su importancia, ya que se refleja en el texto su dominio del lenguaje y es posible que sea, al menos en parte, este saber manejar las palabras, lo que hace que el libro esté muy bien redactado y que su lectura resulte amena y atractiva.
La obra mezcla sabiamente la biografía y la crónica. Calsamiglia se vale de sus propias vivencias, que nos va desgranando, para llevarnos de la mano por una época tan atrayente de la vida española cual es el periodo entre los años que figuran en el título.
El libro no sigue una estructura puramente lineal, ya que algunas vivencias se solapan en el tiempo y como quiera que, en ocasiones, forman parte de distintas facetas de la vida de la narradora, ella vuelve de cuando en cuando sobre sus pasos para referirnos acontecimientos distintos coincidentes en una misma época.
Por sus páginas veremos desfilar un buen número de nombres conocidos que se han cruzado alguna vez por la vida de la escritora y a los que ha conocido personalmente, excepto al primero de los citados, unos de forma más o menos continua, otros apenas asomándose a ella y así nos hablará de Federico Mompou (amigo de su abuelo), los Goytisolo, Albert Blancafort (director de los coros de RTVE), Rafael Borrás, Serrano Suñer, Ana Mª Matute, Renata Tebaldi, la familia Maragall (Pasqual, Ernest…), Monseñor Briva Miravent, las hijas del alcalde Porcioles, José Manuel Blecua, Joan Reventós, Jiménez de Parga, Francisco Rico, Ernest Lluch, Pierre Vilar, Maurice Duverger, Montserrat Roig, José Mª Valverde, Vargas Llosa, Solé Tura, Sanchís Sinisterra, Magüi Mira, Josep Ramoneda, el futbolista Estanislao Basora y muchos más.
Quienes vivieran alguno de aquellos años, recordarán , como ella lo hace, la época en la que apenas había juguetes en las casas; la crema Nivea y el aceite UVE; las chocolatinas Nestlé; el diccionario Vox; los jugadores del Barça (Ramallets, Kubala, Manchón…); los tebeos, las novelas de Enyd Blyton, Hazañas bélicas, El Capitán Trueno; el Congreso Eucarístico de Barcelona; los desfiles de la Victoria; la radio, con sus anuncios, sus programas y sus canciones; la Semana Santa, con música sacra en la radio y películas bíblicas en el cine; los estuches y la llegada de la estilográfica y el boli; el cine de sesión continua… Y, más adelante, el cambio de los tiempos; el papado de Juan XXIII, la presidencia de Kennedy; las canciones italianas y francesas, la irrupción de los Beatles, más adelante Jara, Mercedes Sosa o Viglietti y la Nova Cançó.
Nos relata sus vivencias y lo que hasta ella llegaba de acontecimientos que iban marcando el cambio de los tiempos: La “Capuchinada”, el concierto de Raimon en Madrid, la detención y presuntas torturas de Jordi Pujol, las huelgas universitarias, el nacimiento de la Facultad de Letras de la Autónoma, la Asamblea de Catalunya en los primeros 70 y la perspectiva nueva que le ofreció su estancia en Inglaterra, una vez acabado el Preu.
Su pertenencia a lo que podríamos llamar la burguesía catalana ilustrada, le permite estar en contacto con gentes que conservaban vivo, hasta donde podían, el espíritu de los Instituts Escola o quienes alrededor de la revista Dau al Set, mantenían en los lejanos años 50, cierta atención a las vanguardias artísticas.
Su padre, depurado de la enseñanza tras la guerra, tuvo que buscar nuevos modos para ganarse la vida y fue uno de los cofundadores de la editorial Ariel y la propia autora, años más tarde, participaría en la fundación de la librería Paidea en Sant Cugat del Vallès, así como en la puesta en marcha de la mítica revista Cuadernos de Pedagogía.
A pesar de convertirse en esposa y madre siendo muy joven, participa activamente en los movimientos políticos y académicos que se forman alrededor de la universidad y asistiremos, desde su memoria, en primera fila, a los cambios que se produjeron, tanto en la mujer que reivindicaba mayor participación en la vida fuera del hogar, como en la juventud o en la sociedad en general. Como tantos otros, tras haber vivido envuelta en esa especie de burbuja que le impedía tener conocimiento exacto de lo que estaba ocurriendo, va tomando conciencia de aquel desequilibrio entre el progreso económico y el político.
Reconociendo, en general, que fueron épocas felices, la autora sólo tiene un punto de amargura, cuando al hablar de su cultura bilingüe, nos habla del sentimiento de rabia que la invadió al darse cuenta de la ausencia de formación académica en su idioma materno.
Por su lenguaje sencillo pero cuidado y porque las vivencias que relata están recogidas a pie de calle, cuando no en primera persona, el libro resulta muy recomendable para cualquiera que desee tener una visión cercana de aquellos años. Quienes hayan vivido aquellos tiempos, recordarán los acontecimientos y la vida cotidiana de su infancia o juventud y los lectores que conozcan Cataluña o hayan vivido allí, además, reconocerán las geografías de las que habla y asistirán al cambio de fisonomía de la ciudad de Barcelona y de los lugares en los que pasaba sus vacaciones la autora.

Publicado en HISLIBRIS.




domingo, 6 de marzo de 2011

LA TAPADERA

Yo creo que para apreciar en todo lo que vale este film, hay que tener, por un lado una cierta cultura de la historia reciente de EE.UU. y la represión de las ideas por parte de los sectores más conservadores, sobre todo en los momentos más álgidos de la guerra fría y, por otro, una conciencia clara de lo que supuso el MacCarthysmo en aquella sociedad, principalmente en los sectores intelectuales, en el mundo de la cultura en general, pero muy particularmente en los ambientes cinematográficos que fueron los que sufrieron con mayor virulencia las actuaciones de esta moderna Inquisición.
Realizadores, actores y guionistas, fueron las personas a las que se colocó en el punto de mira y cuyas vidas y obras se examinaron con lupa, hasta extremos ciertamente deleznables.
Digo que hay que tener una conciencia clara de lo que aquello supuso, porque de no ser así, no se podrá apreciar en toda su magnitud la inteligencia con que está escrita la historia que nos cuenta la película.
Huyendo del odio y la venganza, sin embargo consigue que lleguemos a abominar de quienes han empujado a la situación en la que se encuentran a las personas perseguidas por la comisión del congreso dedicada a depurar a los rojos, porque eso eran, a fin de cuentas para ellos, comunsitas peligrosos que podían llevar al país a la ruina y como tales fueron tratados sin miramiento alguno y nos traslada el sentimiento de injusticia y vejación al que se ven sometidos.
La historia que nos cuenta, es la de un grupo de guionistas con un buen nivel de calidad en sus trabajos, pero a los que ni siquiera se les permite pisar por los estudios, con lo que se ven privados siquiera del derecho a defenderse o dar explicaciones, sencillamente están en la lista negra y eso les inhabilita de facto para trabajar, la industria no quiere represalias y prefiere arrinconarles. Para salir del paso, dan sus trabajos a un tipo que apenas sabe escribir, pero que pondrá su nombre, una tapadera, el personaje interpretado por Woody Allen, mucho más contenido que en otras actuaciones, aunque sin perder ese toque de humor que le quita hierro al asunto, sin volverlo trivial y sin quitarle la importancia que tiene la tragedia de la que nos habla.


Mención especial merece el trabajo de Zero Mostel, una gran interpretación, de un actor que por momentos, se interpreta a sí mismo, él estuvo en la lista negra, en una actuación que también trata de quitarle dramatismo a la vergonzosa historia, aunque en algunos pasajes casi nos pone un nudo en la garganta.
Muy buena película, altamente recomendable para quien quiera ver un producto de calidad, entretenido, divertido y trágico al tiempo.
Impresionantes los créditos del final, en los que se nos da noticia de las personas que intervienen en la peli y que estuvieron en la lista negra: El director, Martin Ritt, el guionista, Walter Bernstein, y algunos actores como Zero Mostel, Lloyd Gough, Herschel Bernardi...
Además es la primera película de la Columbia, que eligió el tema para demostrar su compromiso con estas personas que se vieron estigmatizadas incluso por sus propios compañeros.
Aparte de los momentos divertidos, a través de humorísticos diálogos y que casi siempre vienen de la mano de Mostel y Allen, hay dos instantes sublimes: Toda la escena del hotel, en la que Zero Mostel casi se está despidiendo del espectador y en la que, a pesar del buen humor y la alegría del personaje, la tragedia (como diría un clásico) se masca, y el final con la comparecencia de Allen ante la comisión de actividades antiamericanas, de esas que arrancarían aplausos en las antiguas sesiones de cine, porque el espectador se siente representado por el actor y por su valiente decisión.




sábado, 5 de marzo de 2011

EL GRITO WILHELM

Muchos ya conocen la historia, porque es un clásico entre los divertimentos y bromas cinematográficas. Pero por si acaso queda alguien, decir que las productoras suelen guardar los efectos sonoros susceptibles de ser utilizados de nuevo, así, llegado el caso, basta con apretar un botoncito y ya está, como las risas enlatadas de las series telivisivas.
Uno de estos sonidos es llamado Grito Wilhelm, que toma su nombre del soldado Wilhelm, un cowboy que recibe un flechazo de un indio mientras llenaba su pipa de tabaco en la película "La carga de los jinetes indios" (The Charge at Feather River de 1953), aunque el sonido había sido usado antes en "Tambores lejanos", durante una escena en la que unos soldados están vadeando un pantano, quedando en aquella ocasión grabado el sonido con el nombre de "hombre siendo mordido por un cocodrilo".
Precisamente con este nombre quedó en los archivos de la Warner y fue utilizado en varias pelis durante los años 50.
En 1979, el grito fue rescatado por los técnicos de sonido Ben Burtt y Richard Anderson y ahí empezó el jueguecito. Ambos utilizaban el grito como una especie de firma o sello personal en las películas en las que participaban y fue pasando a los archivos de varias productoras.
Pero no paró ahí el asunto, la broma pasó de los técnicos de sonido a otra gente del mundo del cine y ha sido incluído en alguna de sus películas por directores como Peter Jackson, Quentin Tarantino o Michael Bay.
Lo último ha sido su paso a los videojuegos y el homenaje recibido en alguna popular serie de dibujos animados televisiva, cual es "Padre de familia"
El caso es que alrededor de 150 películas han utilizado hasta hoy el Grito Wilhelm.



viernes, 4 de marzo de 2011

LA ÚLTIMA NOCHE DE BORIS GRUSHENKO

Se va depurando y decantando lo que será el cine posterior de Allen.
Película un tanto olvidada dentro de su filmografía, lo que demuestra la categoría de la misma, porque estamos hablando de un buen film, con un título que queda muy largo y que le iría más si fuera una peli de arte y ensayo, me quedo con el original, o con su traducción literal, "Amor y muerte", dos asuntos de los varios que se tratan en el discurrir de la cinta.
Aparentemente con un discurso intrascendente, muchas de sus frases y de sus chistes, llevan más o menos oculto (algunas veces, totalmente explícito) un mensaje, que aún cuando vaya envuelto por el humor, en las más de las ocasiones es muy serio, porque se refiere a asuntos que centran el discurrir por la vida de los seres humanos.
Aquí Woody comienza a destapatarse como el gran realizador y guionista por el que es tenido en la actualidad, al contar con un presupuesto que ya no es de andar por casa y se asemeja más al de las grandes producciones.


Un rosario de cuestiones son puestas en solfa, desde el patriotismo que siempre nos han vendido los de arriba a las clases bajas, de las que se acuerdan cuando la cosa va mal, hasta los problemas que un hombre del montón tiene en su discurrir por este valle de lágrimas ante el acoso de la sociedad que le pide que sea de una manera determinada, que demuestre valor y arrojo, que se convierta en un triunfador.
Los homenajes, tanto al cine, como a la literatura, se van encadenando sin solución de continuidad. Los clásicos rusos, "Guerra y Paz", "El idiota", "Los hermanos Karamazov"...
Y en el plano cinematográfico: "Doctor Zhivago", las constantes referencias al cine de su admirado Bergman o, ya más en la vertiente cómica, a los Hermanos Marx, con diálogos de esos que llamamos de besugos, pero que cuando los analizas son geniales, o al cine mudo en general (Chaplin, etc.)
Si todo ello va envuelto en la música de Prokofief, tiene algunos planos muy lindos y cuenta con la actuación de la Keaton. Qué vamos a decir.


Un film para disfrutar, para reirse mucho con sus diálogos, frases y escenas cómicas y para hacer una reflexión sobre algunos de los asuntos que nos plantea: El pacifismo, la muerte, el amor...
Una frase para acabar, que viene muy al pelo en estos tiempos de crisis y que espero que el gobierno, con sus brillantes ideas, no tome al pie de la letra:
La muerte es el modo más efectivo de ahorrar gastos.




jueves, 3 de marzo de 2011

DIMISIÓN

La noticia es sabida, archicomentada en blogs y foros e incluso, dado el ritmo frenético que llevamos, ya es antigua: El ministro alemán de defensa, Karl Theodor zu Guttenberg, presentó su dimisión tras recibir acusaciones de haber plagiado su tesis doctoral.
Sólo voy a hacer un par de reflexiones.
La primera es sobre el asunto del título universitario, al que en ocasiones se le da más importancia de la que tiene. Es más, por sí mismo, tampoco tiene demasiada, al menos desde mi óptica personal. A veces se le da una extrema importancia al asunto y se acusa a ministros y otros miembros de la fauna política de no tener estudios universitarios, como si no tuviéramos casos palpables de ineptos absolutos que tienen su título correspondiente, son nombrados ministros y nadie se explica cómo fueron capaces de llegar a completar una licenciatura, mientras la impresión que nos ofrecen es la de no saber hacer la o con un canuto.
Bueno, en realidad tiene su razón de ser. El título, como digo, no significa nada por sí mismo, pero la sociedad como tal y cada uno de nosotros de forma individual, al serle presentada una persona que tiene estudios superiores, la primera impresión que tiene es que, al menos durante un tiempo, el que se corresponde con su etapa universitaria, aquel hombre o aquella mujer, ha estado estudiando, trabajando como estudiante y que su esfuerzo ha sido suficiente como para ser reconocido por medio de un título, para cuya obtención ha tenido que demostrar que tiene unos conocimientos determinados, llegados a adquirir, precisamente, mediante el esfuerzo y el trabajo personales.
Ese y no otro es el verdadero valor del título, quien no lo tiene, no es, en principio, más o menos válido que aquel, pero la sociedad le reclama que demuestre mediante los hechos su valía, cosa que le reconoce al titulado por adelantado, hasta que nos demuestre lo contrario.
Segunda cuestión, es el hecho en sí y la dimisión posterior.
Sobre eso ya se ha hablado mucho y se han hecho las oportunas valoraciones comparándolas con este país nuestro y en las que, prácticamente, todos coincidimos.
Nosotros que hemos tenido que soportar a Luis Roldán, para vergüenza de la Guardia Civil, a quienes por robarles les robó hasta el dinero del Colegio de Huérfanos y que también mintió en cuanto a sus títulos académicos.
Es cierto que el alemán este, se ha agarrado al sillón y el partido del gobierno con la ínclita Merkel a la cabeza ha tratado por todos los medios de mantenerle en el cargo pero, al final, la presión ha podido y le han dado el portazo disfrazado de dimisión.
Aquí, para que alguien se marche, pues ya se sabe... Para qué hablar si muchas veces son los propios medios, los del pesebre, los del mantenella y no enmendalla.


miércoles, 2 de marzo de 2011

EL DORMILÓN

No todos tenemos los mismos gustos, ni buscamos lo mismo cuando vemos una película, leemos un libro, admiramos un cuadro o escuchamos una canción. Ni siquiera cuando hacemos cosas más prosaicas como pasear o comer.
A quien vea esta peli, como pasa con otras tantas, le puede parecer desde una auténtica porquería que no le diga mucho y le aburra soberanamente, a una pequeña joya del cine de humor y todos tendrán sus razones que serán de lo más respetable. Para mí es una de esas películas que podrían dar para estar hablando horas, porque contiene tantos mensajes en tan poco tiempo, que sería la delicia de cualquier amante de aquellos cine-forums que ya no se llevan.
Guiños varios al mundo del cine, crítica al poder, ciencia ficción, arquitectura, relaciones de pareja, antimilitarismo, parodia de la cultura hippie o de los hábitos alimentarios, humor... ¿Os imagináis empezar a cambiar impresiones, a analizar todos esos mensajes? No, yo no lo voy a hacer, ni tengo ganas, ni me resultaría divertido, esto sería para sentarnos unos cuantos "locos" y pasar un buen rato diseccionando la peli.



Con muchos de los tics del cine mudo, a base de gestos, persecuciones, escenas rodadas a cámara rápida, situaciones embarazosas, sin embargo ya los diálogos tienen su buena representación, con algunas frases y sentencias ingeniosas e hilarantes.
Los decorados, con un aire futurista que hoy nos puede parecer de lo más naif, pero que tiene su particular encanto. La imagen de Allen disfrazado de robot-camarero, se ha convertido en un icono de la película.


Una peli en la que continuamos viendo la evolución de director neoyorkino, con la frescura que tenía el humor de aquella su primera época, muy básico, pero muy personal y la presencia tan importante de Diane Keaton, a la que dirigía por primera vez.
Y muchas frases para el recuerdo, por citar algo:
-Todavía no puedo creer que haya estado 199 años dormido.
-Acepte usted esta experiencia como un milagro de la ciencia.
-Para mí un milagro de la ciencia es haber ingresado en un hospital para operarme y que 199 años después no me hayan pasado la factura.




martes, 1 de marzo de 2011

NO HAY CRISIS



























En su momento ZP negó la crisis y muchos se rasgaron las vestiduras, se le tachó de negar la evidencia, de mirar para otro lado y no querer ver la realidad de las cosas llevado de ese optimismo irreflexivo y enfermizo del que se le acusa.
Pero hay que reconocer que tenía razón. Las cifras de desempleados, de jóvenes que no encuentran su primer trabajo, de cierre de empresas, etc., etc., son engañosas, el común de los mortales nos dejamos llevar por lo que vemos, por lo que les sucede a nuestros vecinos, a la gente que nos rodea, o incluso a nosotros mismos y a nuestras familias, pero es porque no sabemos, la auténtica realidad está en otra parte, los verdaderos indicadores son otros y hay que saber buscarlos y reconocerlos, algo que sólo está al alcance de una determinada élite que por algo está donde está. Ellos son los que mandan.
Un ejemplo de cuáles son esos indicadores, para que os vayáis enterando de la realidad de la situación y dejéis de una vez por todas ese derrotismo del que hacéis gala. Esta noticia está en los periódicos de ayer o anteayer:

Los altos directivos no consejeros de las empresas que conforman el selectivo Ibex 35 elevaron su remuneración un 19,14% el pasado año, en plena crisis económica, hasta sumar 189,6 millones de euros.

La distancia entre legalidad y moralidad, siempre ha estado presente en el devenir de lo humano. ¿Cómo se pueden dar recetas para salir de la crisis por parte de quienes se están enriqueciendo, a aquellos que están soportando sobre sus espaldas todo el peso del desastre? Porque muchas de estas empresas tuvieron pérdidas o, cuando menos, sus ingresos disminuyeron ya a partir de 2008 y a cambio, sus directivos tienen premio y bien suculento.
¿Qué legitimidad moral tienen estas personas ni siquiera para abrir la boca?