miércoles, 29 de julio de 2026

GARAGE OLIMPO

 


Durante la dictadura militar, María Fabiani (Antonella Costa), vive con su madre francesa Diane (Dominique Sanda) en una casa antigua de Buenos Aires, subalquila habitaciones y en una de ellas vive Félix (Carlos Echevarría), un joven tímido enamorado de María, sin ser correspondido y que al parecer trabaja de vigilante en un garaje. María enseña a leer y a escribir en un barrio pobre y, además, pertenece a una organización que lucha contra la dictadura militar. Una mañana, unos soldados la detienen y la llevan al Garage Olimpo, uno de los lugares donde se tortura a los activistas ante la indiferencia o ignorancia general.


El chileno de ascendencia italiana Marco Bechis, nos acerca, a través de la historia de María y de Félix, la tremenda paradoja que se vive entre torturador y torturado, cada uno tiene marcado su camino, uno el de su infame trabajo, otra, a la que han privado de su dignidad y de su propia vida en pro de no se qué circunstancias en que se amparan siempre las dictaduras, el sufrimiento y la tortura a que se ve sometida.


La película muestra el "trabajo" de los torturadores como algo cotidiano, fichan la entrada y la salida y cuando se van a la calle se olvidan hasta la siguiente jornada, viviendo su rutina con naturalidad, en familia, como cualquier otro ciudadano. Durante los interrogatorios, ponen la radio a todo volumen y en ella se escuchan las canciones de moda o las retransmisiones de los partidos de fútbol. El mal se ha banalizado, al menos para ellos.
Vemos en la película, como en el mismo garaje se almacenan electrodomésticos y otros enseres de los detenidos, que eran incautados por quienes les detenían; o el cuarto, en el mismo edificio, donde retenían a los hijos pequeños de las víctimas, a la espera de torturarlos también para obligar a sus padres a confesar, o entregarlos en adopciones ilegales.
Mientras en los subsuelos de la ciudad muchos sufren y con ellos sus familias que no saben dónde están, los planos aéreos nos muestran una Buenos Aires cuyo día a día transcurre como si nada de aquello estuviese ocurriendo: Por las noche domicilios y vías públicas iluminados y por el día, el incesante discurrir del tráfico por la Plaza del Obelisco y calles adyacentes.
Cuando han sacado toda la información posible a los secuestrados, sus despojos, pues en eso han quedado sus cuerpos tras las torturas, recibirán un sedante que los adormece y serán arrojados vivos al mar.
Muchos de los torturadores, siguieron sus vidas cuando el régimen cayó, algunos en el propio país, otros como refugiados en el extranjero, pero los desaparecidos, jamás regresaron.
Bechis se centra en la peculiar historia de estos dos personajes, representan a aquellos seres anónimos, detrás de los que había personas con nombres y apellidos y esto es lo que la cinta pretende que no quede en el olvido, que unos y otros no eran las simples cifras que figuran en los informes, sino personas reales, unas que sufrieron y otros que hicieron sufrir.




4 comentarios:

  1. Qué tema terrible: da miedo pensar que no fue sólo el argumento de una película.

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    1. Esa es la tragedia, pensar que hubo gente capaz tales atrocidades avaladas por un "gobierno".

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  2. Es un tema que se ha llevado mucho al cine, pero sin éxito. La tortura, como el exterminio de los campos de concentración, nos demuestran que estas "actividades" acaban siendo un trabajo con sus horarios y las charlas propias sobre partidos de fútbol y consejos mientras se tortura o se asesina. En mi opinión lo terrible es caer en esta vorágine.
    Un saludo

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    1. Lo espantoso es que haya seres humanos capaces de actuar así, abusando, torturando, humillando, violando, el contexto es lo de menos (quizá para algunos no tanto), es que resulta patético que haya gente que sea capaz de comer y dormir después de haber estado haciendo estas cosas y que al día siguiente, y al otro, vaya a continuar con su "trabajo".

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