Alexander (Erland Josephson), periodista, ex actor y filósofo, le cuenta a su hijo pequeño lo preocupado que está por la falta de espiritualidad de la humanidad moderna. La noche de su cumpleaños, estalla un conflicto bélico. En su desesperación, Alexander se entrega en oración a Dios, ofreciéndole todo para que la guerra no tenga lugar.
Como indica el título, la película gira en torno a la idea del sacrificio, el de un hombre que considera que hasta entonces su vida ha sido algo artificiosa y superficial y para darle algún sentido quiere ofrecer incluso su propia existencia, para salvar a su familia y a toda la humanidad.
En parte, que uno conecte con una película de Tarkovsky depende de si se identifica con el problema espiritual con el que lucha su personaje.
Una especie de avalancha de debate filosófico, en cierto modo desconcertante, entretejida con algunas de las tomas más alabadas de la historia del cine.




La vi hace mucho tiempo y me has reavivado las ganas de volver a verla, porque yo mismo he cambiado tanto desde entonces que seguramente la veré con otros ojos. Eso es lo que tienen ciertas películas, que no envejecen, envejecemos nosotros y ellas siguen ahí esperando.
ResponderEliminarLo de Alexander resuena hoy más que nunca. Un hombre que siente que su vida ha sido artificiosa y superficial y que en el momento límite solo encuentra sentido en el sacrificio. Cuántos vivimos instalados en esa misma superficialidad sin que ninguna guerra nos obligue a mirar hacia adentro. No necesitaba conflictos bélicos reales para hablar del vacío espiritual, porque ese vacío ya estaba ahí, en tiempo de paz, en la rutina, en la falta de preguntas. Hoy con el mundo como está, seguro que se ve de otra manera.
Es cierto que los años nos van haciendo ver las cosas de otra manera.
EliminarEl hecho de haberla rodado en Suecia (y en sueco) con algunos de los actores habituales de Bergman propicia una interesante conexión entre dos cineastas geniales.
ResponderEliminarAsí es.
EliminarUn buen dilema. Un beso
ResponderEliminarLa espiritualidad que ya cimentaba su anterior película, alcanza aquí su mayor significado.
ResponderEliminarPelícula perturbadora, tal vez no en la misma dirección que Stalker, pero que genera cierta incomodidad a la que el cine "normal" no nos tiene acostumbrados.
ResponderEliminarGracias por traerla.
Saludos,
J.
Gracias a ti por tu comentario.
EliminarVista hace tiempo, recuerdo muy bien la larga secuencia del incendio. El protagonista era un fijo de Bergman.
ResponderEliminarEn efecto, Erland Josephson participó en unas cuantas películas del maestro sueco.
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