miércoles, 30 de septiembre de 2009

INFIERNO DE COBARDES

Para muchos el western es el género cinematográfico por excelencia. Cuando Eastwood hizo está película, estaba ya todo inventado: Un hotel, un salón con sus peleas, pistoleros, furcias, palabrotas, indios, venganzas, una cárcel, un sheriff... Mr. Clint coge de todo esto lo que le parece. Aquí está el pistolero misterioso estilo Morricone; el morbo y la perversidad de Don Siegel (al principio de la película se despacha con una violación y se queda tan orondo); escenas y situaciones similares a algunas de El seductor, Por un puñado de dólares, La muerte tenía un precio, etc.
Puestos a especular, yo pregunto si esta película no tiene detalles que podría haber firmado el mismo Buñuel, sí ya sé que soy un exagerado y que estamos hablando de directores dispares, pero cada vez que pienso en ese pueblo pintado de rojo, en esos personajes esperpénticos, la desolación del lugar, la renuncia a presentar conductas racionales de los personajes...

Quizá se hace un poco repetitivo mientras esperamos el clímax, eso sí, muy logrado este, con todo el pueblo ardiendo y la mencionada pintura roja que todo lo cubre. El mismo Eastwood reconoce que quizá la hubiera rodado distinta de hacerlo ahora y que tal vez hubiera omitido la escena de la violación.

Como curiosidades podemos decir que los nombres de Sergio Leone, Don Siegel y Brian G. Hutton, aparecen en las lápidas del cementerio.

John Wayne escribió a Clint Eastwood protestando por el film y diciéndole, poco más o menos, que se estaba cargando el western.
En la versión española, al final de la peli, Eastwood dice que es el hermano del Sheriff Duncan, cuando en la versión original, sólo pronuncia las palabras "take care" (cuídate).

¿Acabamos con una frase?: "Creo que es usted la que debería aprender modales, señorita"






martes, 29 de septiembre de 2009

MILLENNIUM

¿Qué tiene esta obra para haber llegado donde ha llegado?
No es una gran novela, ni tiene un estilo depurado. Sus personajes son, más o menos, estereotipos que ya están, aún con otras apariencias, en otros libros ya escritos; su trama es, en ocasiones, previsible...
Pero algo tiene Millennium que la distingue de otras obras que puedan parecer similares. Yo no me atrevería a encuadrarla dentro de la llamada novela negra, creo más bien que es una novela de aventuras, con sus buenas dosis de intriga, una buena parte de eso que ahora se llama thriller, con un ritmo ágil en la narración, que hace que no te resulte pesada, que se lea muy bien. Las historias paralelas que se van contando a lo largo de los tres volúmenes, aparte de darnos datos y de ayudarnos a conocer a los personajes, tanto principales com secundarios, ayudan a mantener ese ritmo vivo, a que no decaiga la acción.
Para nada es novedoso , como se ha dicho en alguna parte, que una mujer sea la protagonista de la saga, ahí están ya desde la vetusta Miss Marple, hasta Kinsey Millhone (que, por cierto, a mí me encanta), por no hablar de las heroínas del comic o los videojuegos, como Lara Croft o la Alice de Resident Evil.
Quizá una de las novedades sea presentar a tantas mujeres en papeles relevantes, que en momentos tienen su especial protagonismo, aparte de la propia Lisbeth, Erika Berger (presente en todos los relatos), Susane Linder, Mónica Figuerola...
Otro aspecto novedoso, es el arma de esta superheroína moderna, que cambia la espada láser, el revólver u otro tipo de ventajas especiales sobre el resto de los humanos por sus habilidades informáticas, en eso consisten sus superpoderes en su condición de hacker.
Le doy la razón a Vargas Llosa que viene a decir que la verosimilitud de tantas cosas que parecen imposibles o poco creíbles, la consigue Larsson a base de describirnos, a veces hasta con detalle, las cosas cotidianas que rodean a los personajes, sus comidas, las calles que pasean, los tatuajes y los piercings de Salander, en fin todo aquello que nos resulta cercano y reconocible.




Lisbeth Salander, ha sido tremendamente maltratada, no por la sociedad, sino por el poder. Su lucha, sus venganzas contra esos poderosos, hacen que nos pongamos de sus lado inmediatamente, porque es como un moderno caballero andante, que va repartiendo justicia allí donde la justicia se pone del lado del establishment . Cuando leía el interrogatorio al Dr. Teleborian, se me venían a la cabeza aquellas tardes de domingo, de sesión doble de cine, en que la chiquillería se emocionaba cuando el bueno aparecía para salvar a los desdichados que habían pasado las mil y una y se las devolvía todas juntas a los malos malísimos que habían estado actuando hasta entonces impunemente, muchas veces amparados por la misma ley.
No creo que estas novelas pasen a la historia, tal vez me equivoque, pero no lo creo. De lo que no tengo duda es de que el que se decida a leerlas, no se va a arrepentir. Si lees el primer libro, puedes dejarlo al acabar, sin más, la historia tiene un principio y un fin que te deja satisfecho. Si cometes el "error" de empezar el segundo, ya no tendrás más remedio que leer también el tercero. Estás avisado.
Para finalizar, una curiosidad, los títulos en castellano, no se corresponden a una traducción más o menos literal del sueco, dicha traducción sería, por orden cronológico, La chica con el tatuaje del dragón, La chica que jugaba con fuego y La chica que destapó la caja de los truenos (también se podría traducir por La chica que le dio una patada al avispero)

lunes, 28 de septiembre de 2009

JOE KIDD




Esta película de 1972, es uno de esos llamados westerns crepusculares, ya que está ambientada a comienzos de siglo XX.





Entretenida, sin grandes pretensiones, parece más un telefilm que una película para el cine y es bastante irregular, a veces parece falta de esmero y un tanto cutre, con decorados como de cartón piedra. Mejora algo en las escenas de exteriores y rodadas en la naturaleza.
Lo mejor: Ver a Clint Eastwood y Robert Duvall enfrentados, todo un lujazo.




domingo, 27 de septiembre de 2009

EL PAPEL...HIGIÉNICO

Cuantas cosas de las que usamos a diario, que nos parecen de lo más sencillas, cuando no vulgares, tienen tras de si su pequeña o gran historia. Hoy traemos a colación la de algo que nos acompaña en todas las casas, que tiene un uso tan modesto como útil, sobre todo en lo que a la higiene personal se refiere.
Los romanos, precursores en muchos aspectos de la higiene moderna, ya practicaban el hábito de la limpieza que hoy se asocia al uso del papel. Una esponja amarrada a un palo y sumergida en un recipiente con agua salada estaba disponible en los baños públicos.
A finales del siglo XIV, los emperadores chinos usaban unas hojas especiales para el baño. En Europa, la realeza usó paños de algodón humedecidos en agua de rosas. Los colonos nortemearicanos utilizaron los desechos de las mazorcas de maíz. Entretanto en las zonas costeras echaban mano de conchas marinas y en islas como Hawai, cortezas de coco. A finales del siglo XIX, el catálogo de los almacenes Sears fue muy popular en zonas rurales, constaba de muchísimas páginas y no tenía desperdicio, cuando se utilizó para confeccionarlo papel satinado de mejor calidad, hubo muchas protestas.


Fue en 1857 cuando el neoyorkino Joseph C. Gayetti, lanzó al mercado lo que él llamó papel medicalizado Gayetti. Se trataba de hojas de papel especiales para el baño, aderezadas con humectante y en presentación de paquetes de 500. Estaba tan orgulloso de su invento que en cada hoja su apellido estaba impreso al agua. Sin embargo la iniciativa no tuvo éxito comercial.
En Inglaterra el comerciante Walter Alcock, intentó lanzar su propio papel higiénico en 1879, pero chocó con el puritanismo de la época, al que le parecía incoveniente ver semejante producto en los estantes de las tiendas.
Los fallidos intentos de Gayetti y Alcock fueron superados por los hemanos Edward y Clarence Scott, su éxito vino dado, en parte, a que lo ofrecieron en pequeños rollos.
Desde entonces todos los avances han venido dados por la mejora del producto, como la suavidad al tacto, el papel de dos capas...
La importancia del papel de baño en la sociedad moderna, fue reconocida en cierto modo, cuando en 1944 el gobierno de EE.UU. distinguió a la empresa Kimberly-Klark por sus "heroicos esfuerzos" en el suministro del producto a los combatientes durante la II Guerra Mundial.


jueves, 24 de septiembre de 2009

PENNY LANE

Este año, durante el pasado mes de agosto, se ha celebrado el 40 aniversario de la famosa portada del disco de Los Beatles que muestra una foto hecha en un paso de peatones de Abbey Road, pero esa no es la única calle de Liverpool que se ha hecho famosa gracias a ellos.
Después de anunciar su retirada de los escenarios, el 13 de febrero de 1967, publicaron el primer single con "dos caras A" "Penny Lane/Strawberry Fields" , que también fue el primer single de Los Beatles que no alcanzó el primer puesto de las listas de éxitos, Engelbert Humperdinck acaparó el puesto con "Release Me"
La calle existe y Paul McCartney se basó en recuerdos de infancia para componer la canción. Penny Lane se encuentra lejos del centro de Liverpool, cerca de la zona en la que vivían Paul y John, que era conocida por los habitantes de Liverpool por ser una terminal de autobuses.
Algunos de los lugares que la canción menciona, no se encuentran exactamente en Penny Lane, sino en el cruce con Smithdown Road, zona que también se conocía con el mismo nombre. Ni que decir tiene que los letreros originales con el nombre de la calle, fueron sustraídos hace años.La barbería se ha convertido en una peluquería unisex, pero parece que la original no guardaba fotos de todas las cabezas que el barbero había tenido el placer de conocer.
Una calle tranquila fue elevada a la categoría de intocable por obra de Sir Paul McCartney, de hecho alguien a quien aquí llamaríamos concejala, una tal Mace, miembro del partido Liberal Demócrata que controlaba el concejo local de Liverpool, había propuesto renombrar siete calles, cuyos nombre tenían reminiscencias de la época anterior a la abolición de la esclavitud. El nombre de Penny Lane, venía de un tal James Penny, un comerciante de esclavos del siglo XVIII. El comercio de esclavos reportaba enormes beneficios a ciudades como Liverpool y Bristol, que eran escalas en el trayecto que llevaba a los esclavos de África hacia el continente americano.
Pero Mace nunca se imaginó el furor que se generó cuando el plan fue hecho público y se descubrió que la célebre Penny Lane podría perder su nombre. Por descontado el proyecto quedó en suspenso.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

EL SEDUCTOR

Película de 1971, dirigida por Don Siegel e interpretada, en sus principales papeles, por Clint Eastwood y Geraldine Page.
Una película extraña, no es un western, ni va sobre la guerra civil norteamerica, a pesar de estar ambientada en la época. Es un drama, con toques oníricos, en el que un lobo con piel de cordero, irrumpe en un mundo de ambiente femenino. El gallinero se alborota y la atmófera se va cargando de reproches, deseos, posesiones destructivas, despecho, en el que el cazador es cazado. Como dicen ellas en la escena del comedor en la que preparan la manera de deshacerse del yankee: "Las hormiguitas se llevan al gusano a su hormiguero para devorarlo en el interior".
Para algunos es la mejor película de Siegel. Las interpretaciones, sobre todo las femeninas, muy logradas. Eastwood logra uno de sus trabajos más destacados y retorcidos como intérprete, pese a conservar su estilo seco y sobrio.

martes, 22 de septiembre de 2009

ESCALOFRÍO EN LA NOCHE

El título original de esta película de 1971 es Play Misty for me y en ella, Clint Eastwood hace sus primeros pinitos como director. Hay un cameo (como se dice ahora), que yo llamaría más un compadreo con el director Don Siegel en el papel de Murphy. La película tiene algunos diálogos ingeniosos, cuando no divertidos y por momentos resulta inquietante, aunque hay escenas, sobre todo las de la agresiones, que parece de serie B..
Como curiosidades, decir que se rodó en cuatro semanas con un presupuesto de alrededor de un millón de dólares. Clint Eastwwod no cobró por actuar, ya que Universal se negó a pagarle por dos trabajos (actor y director), pero le dio un porcentaje de los ingresos que superó los que habría ganado con su salario como intérprete.
La película se localiza en la localidad de Carmel , donde Clint Eastwood vivía y de la que llegó a ser alcalde en 1986.
Además, deja una especie de documental o impronta histórica de la época, cuando retrata el festival de jazz de Monterrey, quedando así constancia visual y sonora de la época hippie que se vivía en esos momentos en Estados Unidos.
El título original, hace referencia a la canción Misty (traducida al castellano como nebulosa) que Evelyn le pide que ponga en su programa al locutor Dave Garland.



lunes, 21 de septiembre de 2009

HARRY EL SUCIO

Policías que hacen la guerra por su cuenta, convencidos de que la ley no es igual para todos y de que, a veces, protege al delincuente más que a la víctima, ha habido unos cuantos, pero Harry Callahan fue el primero.
Ni es un prodigio de guión, ni nos cuenta nada novedoso, el malo no está a la altura, no hay ningún secundario que destaque en su interpretación, incluso hay films que todos recordamos que son similares en el planteamiento, como Arma letal o La jungla de cristal, incluso John Wayne, que rechazó este papel, intentó seguir su estela con ese engendro que se llama Brannigan pero, repito, Harry el Sucio fue el primero.
Clint Eastwood ya era estrella, Harry elevó su fama hasta donde pocos actores han llegado.

Frase al canto: -Cuando un hombre adulto persigue a una mujer tratando de violarla, yo mato al hijo de puta. Esa es mi política.
-¿Y cómo sabe Vd. que va a violarla?
-Cuando un hombre desnudo y empalmado persigue a una mujer por la calle con un cuchillo carnicero, me figuro que no está haciendo una colecta para la Cruz Roja.



jueves, 17 de septiembre de 2009

LOS VIOLENTOS DE KELLY

Película de 1970, muy importante situarse en el año de realización, en plena época de protestas contra la guerra de Vietnam y de contestación atimilitarista en EE.UU.
Clint Eastwood haciendo unos de sus papeles de hombre de oscuro pasado, Telly Savalas como jefe de su pelotón, que acaba estando a sus órdenes y Donald Sutherland, haciendo un papel de hyppie, totalmente anacrónico (la película situa la acción en la Segunda Guerra Mundial, justo tras el desembarco de Normandia), pero muy efectivo.
Sin duda la película pudo haber dado mucho más de sí, pero acierta en su planteamiento de crítica a la guerra y al mundo militar, a través de un elenco de antihéroes que deciden ir a lo suyo y luchar por su propio provecho, para ellos la patria es un auténtico coñazo.
El general, con su caja de medallas bajo el brazo, dispuesto a condecorar a todos aquellos soldados a los que cree que mueve el valor, viene a ser un demoledor alegato (aunque suavizado con toques de humor), sobre la idiotez supina de los altos mandos.
La guerra como botín, la camaradería como medio para un fin, el humor con su toque justo para que no interfiera la acción, los nazis como personas de carne y hueso y la sutil ironía que empapa toda la película hace de ella una película única y original que tuvo gran aceptación entre todo tipo de público.

Una frasecita: "No quiero interrogar a este nazi comedor de salchichas. Lo que quiero que me diga es cual es el mejor hotel de Nancy y cómo están las gachis."

miércoles, 16 de septiembre de 2009

PABLO MORILLO

¿Quién fue Pablo Morillo que tiene una calle dedicada en Zamora capital?

Para tratar de acercarnos a la figura de este paisano nuestro, conocido también con el apelativo de "El Pacificador", con una biografía que mezcla luces y sombras, me he permitido extractar un artículo que publicó en su día el periódico El Carabobeño, que se edita en la ciudad de Valencia, en el estado de Carabobo, situado en la región central de Venezuela.

En febrero de 1815 partió de Cádiz una expedición militar rumbo a América del Sur, cuyo objetivo inmediato y único era dominar a los rebeldes patriotas y recuperar para la corona española las colonias soliviantadas. Ese numeroso contingente estaba al mando del teniente general Pablo Morillo, un militar no de academia sino que venía de abajo, de ser sargento, y que había ascendido por méritos propios en batalla, en lo que se llamó la Guerra de Independencia de España.

Morillo contaba al momento de partir hacia el nuevo continente con 37 años de edad, un tanto maduro pero con la experiencia más que suficiente para comandar aquel ejército, muy grande en relación con los que se agrupaban en Nueva Granada y Venezuela. Este general había nacido en 1778 en la localidad de Fuentesecas, cerca de la población del Toro, en la provincia de Zamora. Tuvo una educación precaria, y fue pastor en su adolescencia, hasta que envuelto en un hecho no muy claro, se fue a Toro, donde sentó plaza en el Real Cuerpo de Marina. Bajo esa bandería participó en combate en varias ocasiones hasta que resultó herido, destacando en la batalla de Trafalgar al obtener el grado más alto posible para un suboficial, el de sargento, pues no había estudiado. Más de veinte años pasó inmerso en la milicia, tiempo durante el cual se casó y enviudó. Su destino parecía ser el de ser un oscuro sargento, hasta que a Napoleón se le ocurrió invadir España, lo cual a su vez provocó una guerra de independencia, donde Morillo pudo avanzar en su carrera militar.
Es así como en 1812 ya había pasado de teniente a capitán, y pronto era coronel, para al año siguiente obtener el grado de Mariscal de Campo, gracias a su perseverancia, acciones militares acertadas y valor demostrado en combate. Finalmente el Rey Fernando VII retomó el trono y recuperó su monarquía. Las fuerzas francesas no sólo habían sido expulsadas de España, sino que el propio Napoleón estaba fuera del poder, preso en una isla. Fue en ese momento cuando el monarca español miró hacia las colonias americanas y decidió que era la hora de recuperarlas, para volver al esplendor de la España imperial. El designado para esa misión no fue otro que el general Pablo Morillo, oficial eficiente, victorioso y sobre todo leal a la corona. Pronto se organizó el gran ejército expedicionario que devolvería las grandes riquezas de las colonias al reino ibérico. La misión era clara, y Morillo la tenía bien medida cuando dijo que iría a una guerra más peligrosa y más cruel de las que conocía con su amplia experiencia.

En abril de 1815 Morillo arribó a la isla de Margarita donde hubo alguna batalla menor, pero como todo el territorio costero de Venezuela estaba más o menos dominado por los realistas, pronto siguió su camino rumbo a Cartagena de Indias.

El plan era evidente: Desde la Nueva Granada iría avanzando hacia el nor-occidente hasta controlar la región que se había soliviantado por las acciones de Bolívar y los suyos.

Efectivamente en julio de ese mismo año el ejército de quince mil hombres, embarcado en 65 navíos, llegó Santa Marta y luego procedieron a sitiar a Cartagena. Desde el 17 de agosto al 5 de diciembre las tropas españolas atacaron a esta ciudad, la cual había sido muy bien fortificada y abastecida por los patriotas, así que de buenas a primeras los españoles no pudieron tomarla.

Pasados tres meses los cartaginenses ya no podían sostenerse y el 4 de diciembre, al contar 300 muertos por hambre y epidemia, decidieron abandonar la ciudad por barco, lo cual resultó bien a medias, pues el capitán los traicionó, entregándolos a los españoles.

Es en ese momento cuando el comando del ejército invasor tuvo su primera equivocación. El general Morillo, en vez de ser magnánimo con la población, de perdonar y auxiliar a los vencidos, en una falta garrafal de conocimiento de la realidad, se fue por el camino de la represión. Tan cruel fue el accionar del ibérico que aquel 1816 fue llamado “el año del terror”. Ganar el sitio y aplicar la crueldad fue uno solo: en los alrededores se ubicaba un pueblo conocido como Bocachica, del cual casi todos sus habitantes fueron pasados por las armas.
Luego procedió al fusilamiento de personas en la plaza de La Merced, y para la historia quedaron nueve dirigentes, de los más reconocidos en la ciudad, quienes fueron sometidos a juicio sin defensa y condenados a muerte.

Morillo comenzó a gobernar a sangre y fuego, pero aconsejado por asesores, decidió ofrecer la libertad a los esclavos negros si delataban a jefes revolucionarios. Esa propuesta hecha en Ocaña, en abril de 1816, surtió efecto y hubo varias traiciones.

Después en julio del mismo año Morillo llegó a Santa Fe de Bogotá, pero se negó a participar en el recibimiento que le habían preparado, dejando la ciudad engalanada. Allí llevó al patíbulo a conocidos miembros de la sociedad bogotana como Francisco José de Caldas, Camilo Torres, Joaquín Camacho, Miguel Pombo y muchos otros. Su crueldad no se limitaba a los revolucionarios que colgaba o fusilaba, sino que se extendía a esposas e hijos, a quienes sentenciaban al destierro, una vez que fueran despojados de todas sus propiedades, viviendas, haciendas o cualquier cosa que tuvieran. Según dicen los historiadores esta actitud de Pablo Morillo fue trascendental en contra de la propia España, pues con esta política del terror prácticamente inclinaba la balanza a favor de sus enemigos, los patriotas.

En Valencia

“Pacificada” Nueva Granada mediante el terror, con Bolívar exiliado en Jamaica, Morillo decidió seguir adelante con su plan de apoderarse de todo el territorio de las colonias y por eso dirigió sus tropas a Venezuela. A finales de 1816 dejó al mando en Bogotá a Manuel Sámano, y partió con su gran ejército entrando por Casanare y Apure. Durante todo el año 1817 estuvo enfrentando a los llaneros de Páez, a los patriotas en Margarita, perdiendo y ganando batallas, hasta que decidió irse contra Caracas, ciudad a la cual arribó a finales de año. Sin embargo no se detuvo allí, sino que fue a guerrear a Calabozo y luego pasó al centro del país.

En febrero de 1818 estableció su cuartel general en Valencia, ciudad donde estaría una buena temporada por cosas del destino. Un mes después de su llegada a la ciudad del Cabriales, Morillo enfrentó a Bolívar en el sitio de La Puerta, batalla llamada también del Semen, por una quebrada del mismo nombre. Si bien el español ganó la confrontación bélica, salió mal a nivel personal pues un lanzazo llanero le dio de lleno en su vientre, provocándole una profunda herida.

Los médicos le impusieron un extenso reposo, sobre todo en cuanto a prohibición de montar.

Morillo decidió entonces cumplir con el requerimiento de recuperación en Valencia y esa es la razón por la cual algunas obras fueron hechas bajo su gobierno, como la fachada de la iglesia Catedral y la torre de la esquina. Para la posteridad quedó el puente Morillo, que en aquella época era de suma importancia para conectar lo que hoy se conoce como San Blas con el centro de la ciudad, sobre el río Cabriales. Si bien Morillo y sus ingenieros realistas planificaron la obra, fue un venezolano, Francisco Arteaga, de profesión alarife, quien dirigió su construcción, con unos 200 presos de la guerra en plan de obreros. El puente fue culminado y con el tiempo fue llamado con el apellido del general español, por lo cual hoy todavía se le conoce como puente Morillo.







Estatua de Pablo Morillo de Ramón Abrantes (Concluida por Ricardo Flecha)

A propósito del puente cuentan las consejas, transmitidas de generación en generación, que en él trabajó como preso de los realistas el hannoveriano Juan Uslar, oficial que había llegado a Venezuela en los contingentes europeos para integrarse a las tropas insurgentes. Para solventar la comida de los presos-constructores, Morillo ordenó que cada familia valenciana debería asumir la entrega del almuerzo a uno de los presos, y a Uslar tocó una familia Hernández que habitaba en la Calle Real, la más importante de la ciudad (hoy calle Colombia).

Una joven llamada Dolores era quien llevaba la comida al oficial extranjero, quien a pesar de las pésimas condiciones de cautiverio, aherrojado con otro preso, tuvo el ánimo suficiente para enamorar a la muchacha, con quien dos años después se desposó. De esta unión ribeteada de romanticismo, como descendiente directo, años después nació el conocido escritor Arturo Uslar Pietri.

Todo parecía ir bien para el teniente general español, pero lo que creía un dominio férreo de las colonias inició su derrumbe el 7 de agosto del año siguiente, cuando los realistas, comandados por Barreiro, fueron destrozados por el ejército de Bolívar en la batalla de Boyacá. Como consecuencia Sámano huyó apresuradamente de Bogotá y el Libertador comenzó a avanzar desde Nueva Granada hacia Venezuela.

Al enterarse del desastre Morillo pidió ayuda a la corona, señalando en su carta que “Bolívar en un solo día acaba con el fruto de cinco años de campaña, y en una sola batalla reconquista lo que las tropas del rey ganaron en muchos combates.

Los llanos de Barcelona, los de Apure y Casanare, todos están en poder de los rebeldes...”

La respuesta de España es casi inmediata, y en 1820, con la ayuda de la Santa Alianza, organizó otro gran ejército para de nuevo invadir América, pero esta vez el asunto no funcionó. Si bien Fernando VII recuperó la corona, obvió que las ideas de la revolución francesa habían penetrado a la sociedad española, y cuando esa fuerza militar estaba a punto de zarpar un oficial, el comandante Rafael Del Riego, se alzó en armas y ello obligó al Rey a asumir posiciones más liberales.

Así fue como esa fuerza militar expedicionaria nunca llegó a salir de España. Morillo, por orden de Su Majestad, tuvo que proponer un armisticio, que fue calificado como de regulación de la guerra, el cual fue firmado en Trujillo luego de negociaciones entre delegados donde participaron el general Sucre por el lado patriota y el teniente coronel Pita por los realistas.

Suscrito el tratado, Morillo pidió conocer personalmente a Bolívar, lo cual sucedió en la aldea Santa Ana de Trujillo. El encuentro es bien conocido gracias a la pluma del edecán del Libertador Florencio O’Leary, quien relató cómo Morillo, quien había acudido con un escuadrón de Húsares, preguntó con cuántos oficiales se acercaba el general Bolívar. Cuando el edecán informó que eran unos diez ordenó retirar a sus Húsares.

Al momento de aparecer la comitiva patriota, el español mostró sorpresa al identificar a Bolívar:

“¡Cómo aquel hombre pequeño, de levita azul y gorro de campaña y montado en una mula”, lo cual contrastaba evidentemente con el uniforme del general español, cargado de medallas, condecoraciones y cintas.

Se dieron un abrazo, comieron, bebieron juntos y hasta durmieron en la misma habitación aquella noche, pero eso no cambió nada, pues a los tres meses, en Maracaibo, decidieron que aun bajo el mando español, querían unir aquella provincia a la República independiente, lo cual se tradujo en la ruptura de la débil tregua.

Tiempo después Bolívar explicó a De Lacroix que había manejado con mucho cuidado la diplomacia en aquel momento, porque a sabiendas que la tregua no duraría mucho en realidad sólo buscaba ganar tiempo, para organizar y colocar mejor a las tropas patriotas.

Eso se confirmó cuando habiendo enviado dos comisionados a España a parlamentar supo del rechazo de la Corte: Allá se negaban a reconocerlos como representantes de una república independiente, pues para el Rey Venezuela no existía.

El camino de las armas, de la guerra, era el único posible y así sucedió cuando al año siguiente se produjo la Batalla de Carabobo.

Morillo no estuvo en Venezuela para ver cómo al paso del Ejército Libertador se desmoronaba lo que había construido en cinco años. Se fue a España el 17 de diciembre de 1820, ya con el título de Conde de Cartagena y Marqués de la Puerta en el bolsillo, como premio a sus actuaciones en América.

Posteriormente tuvo actuaciones en las llamadas guerras carlistas y finalmente murió en Francia en 1837, no sin antes escribir sus memorias que incluyen su campaña en América, claro, bajo su particular óptica.

El otrora brillante oficial español estaba en la pobreza total al momento de dejar este mundo y su segunda esposa hubo de pedir ayuda a la Reina, pues tenía 5 hijos que mantener.


Por último, indicar que, como señala Javier Alvarado en su libro Masones en la nobleza de España, el General Pablo Morillo, conde de Cartagena, fue un destacado miembro de la masonería.








Plano de situación de la calle Pablo Morillo en Zamora.

martes, 15 de septiembre de 2009

LA LEYENDA DE LA CIUDAD SIN NOMBRE

Para entendidos cuatro pinceladas: El director es Joshua Logan, se estrenó en 1969, el título en inglés era Paint your wagon, el guión lo firmaron Alan Jay Lerner y Paddy Chayefsky, la música a cargo de Frederick Loewe y los papeles estelares para Lee Marvin, Clint Eastwood y Jean Seberg.

Una divertidísima comedia, que narra las aventuras y desventuras de Ben (Lee Marvin) y "Socio" (Clint Eastwood) y la "delicada" esposa que ambos comparten, en una ciudad formada por buscadores de oro, a la que, para no complicarse la vida, en un derroche de imaginación han bautizado como "No name city". En realidad es la adaptación al cine de un exitoso musical de Broadway de los años 50 que fue rescatado en los 60 para aprovechar el enorme éxito de Sonrisas y lágrimas.

El magnífico guión, hace una crítica muy acertada del puritanismo, la sociedad machista y algunas cuestiones morales escandalosas para la época, que aquí son tratadas con total normalidad.

Un buen ritmo en la narración, unos personajes entrañables, unos decorados de impresión y una maravillosa banda sonora, hacen de ella una gran película.

Estos son algunos de los diálogos que recuerdo ahora:

"Soy un ex ciudadano de ninguna parte. A veces echo de menos mi hogar."

"Las chicas inventadas son las mejores. Pero yo lo que necesito ahora es una de las peores."

- ¡No se puede comprar a una mujer con dinero!
- ¡Pues inténtelo usted sin dinero, je, je! ¡Yo ofrezco 250 dólares por ella!

- Señor Rumson, ¿es que cree usted que todo lo que produce la tierra debe usarse para hacer licor?
- Sí, siempre que sea posible.
- Debería leer la Biblia, señor Rumson.
- Ya he leído la Biblia, señora Fenty.
- ¿Y no le animó a dejar la bebida?
- No, pero frenó mi interés por la lectura.

Aquí os dejo a Lee Marvin cantando una de las baladas más famosas de la historia del cine, con esa voz tan peculiar:

lunes, 14 de septiembre de 2009

BLUETOOTH

¿Te has preguntado alguna vez qué significa esta palabra?
El nombre viene del rey Harald Blåtand de Dinamarca. Su apellido fue traducido al inglés como "Bluetooth" (diente azul), quizá por mera deformación fonética, gobernó entre el año 940 y 981, cuando los móviles no eran ni siquiera ciencia ficción y es recordado por su "capacidad de ayudar a la gente a comunicarse" y por haber unido a Dinamarca y a Noruega.
Además, el color azul, está muy unido a la compañía escandinava Ericsson, que desarrolló este sistema de comunicaciones inalámbricas.

Por si fuera poco, tuvieron la ocurrencia de tomar signos de las antiguas runas, que era el sistema que utilizaban en la escritura en tiempos de "diente azul" los pueblos nórdicos, para crear el logotipo de la tecnología Bluetooth que conocemos actualmente. Está formado de las runas correspondientes a sus iniciales, "H" y "B":


jueves, 10 de septiembre de 2009

CLARA

Problemas familiares, marginalidad social, esas circunstancias ayudan a explicar por qué alguien cae en la droga. Pero todos conocemos o hemos oído hablar de personas normales, de familias normales, con una vida normal, que se han visto atrapadas en esa telaraña. Pocos salen y los que lo logran, muchas veces tienen secuelas para el resto de su vida.
Esta canción "Clara", que hoy llega aquí, nos narra una de esas tragedias. Bajo un envoltorio de balada romántica y con una melodía pegadiza, hallamos una historia dura y triste. Para algunos, precísamente el tono dulzón de la canción, hace que pase desapercibido su mensaje. Sea como fuere, la canción forma parte de la historia del pop español.



Joan B. Humet i Climent, conocido como Joan Baptista Humet, debutó en 1968 en el Teatro de Tarrasa, junto a Joan Manuel Serrat, con apenas dieciocho años.
Murió el pasado año (2008) cuando contaba 58 años.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

LA MUERTE TENÍA UN PRECIO

Película de 1965, dirigida por Sergio Leone y con Clint Eastwood, Lee Van Cleef y Gian María Volonté en los papeles estelares.
Mis conocimientos de cine no van más allá de la fila de atrás del todo, que es donde deberían sentarme si hicieran una valoración por conocimientos. Así que voy a expresar la sencilla opinión de un sencillo espectador, bueno eso es lo que hago casi siempre.
No me extraña que a Tarantino le guste de manera especial el Spaghetti-Western, aquí están todos los elementos de esa violencia tan peculiar, con menos sangre y menos vísceras, claro, estamos en el año que estamos y las épocas también marcan, pero igual de violenta.
Un buen guión que mantiene el interés del espectador que la ve por primera vez, eso de: "a ver qué pasa ahora", que es lo que mantiene la tensión necesaria para que no se haga pesada.
Y es que presupuesto, lo que se dice presupuesto, no había mucho, pero por lo demás, hay que reconocer que mantiene el tipo del cine europeo (es una coproducción hispano-italiana-alemana), que el guión no está nada mal y que cuenta con Ennio Morricone para hacer la banda sonora y aquí consiguió una de sus mejores composiciones.
Me quedo con esos interminables primeros planos, en los que llegamos a conocer cada arruga del rostro de los dos cazarrecompensas o del malo, ese "Indio" encarnado por Gian María Volonté, un actor que fue de lo mejor del cine italiano en la década en que se rodó el film, aunque no consiguió pasar a las décadas siguientes con el mismo caché.
Con este film, el cine del oeste alcanzó uno de sus puntos de inflexión.

lunes, 7 de septiembre de 2009

EL DESAFÍO DE LAS ÁGUILAS


Película de 1969, dirigida por Brian G. Hutton, basada en una obra del escocés Alistair MacLean ( el de Los cañones de Navarone y Estación polar Zebra), con Richard Burton y Clint Eastwood en los papeles estelares.
Así relatado, tiene todos los ingredientes para ser un peliculón y lo fue a nivel de éxito de público, pero en lo demás se quedó en el camino, a pesar de contar con una buena historia y actores de primera línea.
El film nos presenta a unos alemanes tontos, muy tontos y a unos aliados listos, muy listos. Si todo hubiera sido como nos lo plantean aquí, la guerra habría durado bastante menos.
A la película le sobra metraje, en la segunda parte de la misma, se mete en un berenjenal de explosiones, tiroteos idas y venidas del teléferico, que llega a cansar.




Eastwood no está en su mejor papel, que digamos y los secundarios, algunos de ellos de verdadera talla, quedan desaprovechados.
A destacar la música, de Ron Goodwin, bastante buena y la puesta en escena, con los uniformes alpinos, el paisaje de alta montaña cubierto de nieve, el teleférico, los aviones de camuflaje, el helicóptero, el castillo magníficamente ambientado también en su interior, el comando con agentes y dobles agentes... Una pena que no supieran sacarle todo el partido que tenía, porque podríamos haber estado ante una de las mejores películas de acción de todos los tiempos.

domingo, 6 de septiembre de 2009

EL OBISPO DE LOS POBRES

Contra costumbre, hace unos días hablaban en la tele de una persona de esas de las que, normalmente, ni se ocupan.

Juan José Aguirre Muñoz es un misionero comboniano que desarrolla su labor en la República Centroafricana desde hace más de 25 años. Es Obispo de Bangassou, como él dice allí ser obispo, es otra cosa. Su puerta está abierta día y noche, la puerta de la humilde casa donde vive y quien allí entra puede encontrar al obispo confesando, rezando o lavando los platos.

Aguirre iba para médico, pero sintió la llamada de Dios y lo dejó todo para, tras una estancia de dos años en Valencia, ser destinado al corazón de África con tan sólo 26 años. Allí sigue y según él, allí morirá.


La obligación de un sacerdote es lavar los pies de los pobres. Estar con los enfermos, sentarte con el que llora y hacer fácil la vida de la gente. Fuera de los pobres estás fuera del Evangelio.


Son palabras de este sacerdote cordobés que recuerda que al llegar a Bangassou le dijeron: Allí, bajo aquel árbol, esperan unas personas que le quieren saludar, pero no le de asco, ni miedo, son leprosos.

Juan José lucha cada día contra la miseria, el sida, las enfermedades, la pobreza, junto a los que considera como su gente.

viernes, 4 de septiembre de 2009

14 MANERAS DE ATARSE LOS CORDONES

¿A que mola estrenar deportivas?
Si eres de los que quiere darle su toque personal a las cosas o cambiar el look de las zapatillas, a ver qué te parece esta curiosidad que encontré en internet.
¿Te atreves? Suerte y paciencia:




Pincha en la imagen si quieres verla mejor.

jueves, 3 de septiembre de 2009

MAITENA

Maitena Burundarena (Buenos Aires, 1962), es la sexta de siete hermanos, autodidacta, es autora de la célebre tira Mujeres Alteradas, recopilada en forma de libros, lleva vendidos más de un millón y medio de ejemplares.
En sus comienzos en la década de los 80, publicó historietas en distintas revistas europeas, como la mítica revista MAKOKI, de Barcelona.
A mi me encanta su humor, os dejo dos trocitos de sus cosas:


miércoles, 2 de septiembre de 2009

PEDRO NAVAJA (RUBÉN BLADES)

Pedro Navaja es una canción de salsa escrita e interpretada por el panameño Rubén Blades. Está inspirada en la canción Mack The Knife de Kurt Weill. Narra los momentos últimos de un criminal y una prostituta en las calles del viejo barrio, que se identifica normalmente con el Spanish Harlem, también conocido domo "El Barrio", ya que en la crónica final se oye en la radio que el hecho ocurrió "...en la ciudad de Nueva York..."
Kurt Julian Weill (1900-1950), compositor alemán, obtuvo el éxito definitvo con Die Dreigroschenoper (La ópera de tres centavos, 1928), escrita en colaboración con Bertolt Brecht. Se trata de una versión actualizada de la ópera inglesa The Beggar's Opera, escrita en 1728 por John Gay. La obra de Brecht nos sumerge en los bajos fondos de Londres, donde encontramos a Mackie Navaja (o Mackie Cuchillo), para el que Brecht se habría basado en Macheath, personaje delictivo en The Beggar's Opera. En español la canción de Rubén Blades es una revisión de este famoso bandido callejero de ficción.
En 1984 la canción sirvió como base para una película del mismo nombre.
A la canción siempre se le ha reconocido, además del musical, su valor literario, es como un relato corto. Gabriel García Márquez ha manifestado en alguna ocasión, que le habría gustado haberla escrito. Sin embargo, al productor de música salsera Jerry Massucci, no le gustaba porque, según él, era una falta de respeto al público bailador, que tenía como razón al comprar discos, el evadirse de la realidad y no evocarla, además era una canción demasiado larga (7:21 minutos), por ello la colocó al final de la segunda cara del LP "Siembra". A pesar de todo, "Pedro Navaja" se convirtió enseguida en el mayor éxito de la historia de la salsa.
Blades se desquitó del productor y cuando canta y graba en vivo en el Madison Square Garden de Nueva York, rememora que en la compañía Fania, le vaticinaron que esa canción no tendría éxito y hace un parangón con El Quijote, dijo que, salvando las distancias, si esas gentes hubieran sido los editores de Don Quijote, hubiese salido un pasquín. Según Blades le hubiesen quitado a Sancho Panza por gordo, o lo habrían cambiado por un galán como Tony Curtis, sólo habrían dejado la parte de Dulcinea, pero sobre todo le habrían quitado buenas hojas porque la gente no iba a leer algo tan largo.
Toda la canción tiene su miga, con ese comienzo que siempre me ha gustado: Por la esquina del viejo barrio lo vi pasar, con el tumbao que tienen los guapos al caminar...

martes, 1 de septiembre de 2009

"HAZAÑAS" DE GENTE NORMAL


Sentado en una terraza, tan a gusto, tomándome un café en la más grata de las compañías, oigo a mis espaldas la conversación que, en un tono de voz nada recatado, mantienen dos hombres que ya peinan canas y que están sentados junto a sus "respectivas".
Hubiera pasado bastante de lo que hablaban, si no fuera porque uno de ellos cuenta sus "aventuras" al volante, parece ser que ya le han quitado varios puntos y que tiene una buena colección de multas, la mayoría por dejar el coche mal aparcado.
Pensamiento que se me viene a la cabeza: Este tío, para que le pongan una multa por mal aparcamiento, es de los que deja el coche en cualquier sitio y se marcha sin ninguna prisa, sin consideración alguna por aquellos a los que puede molestar, pero es que según le oigo, tiene una pila de ellas, lo debe hacer sistemáticamente. En fin, pienso, un jeta.
Pero mira por dónde, el otro empieza a largar por esa boquita y cuenta varias "anécdotas" de multas por exceso de velocidad de cuando no existía el carnet por puntos. Ahora parece que se ha moderado, el otro día -sigue contando- venía de madrugada desde Burgos a Zamora con el coche casi recién estrenado y le dio por probar la velocidad que cogía el auto. ¿Crees que lo hizo aprovechando una recta? No, este tío cuando hace pruebas las hace en serio: Se recorrió el trayecto entre Valladolid y Tordesillas a 170 Km/h. ¡Toma prueba! Eso sí, como ahora está lo de los puntos y encima te cascan una pasta por cada kilómetro que te pasas de la raya, al llegar a Tordesillas, levantó el pie, por si había algún radar de esos que ponen sólo para sacar pasta y no pasó de 140. Realmente -argumenta el individuo- es una tontería que pongan límite de 120, porque a esas horas no hay nadie en la carretera.
Me quedé como un boxeador sonado. Dos tíos que no bajan de la cincuentena, que se creen que la calle está hecha sólo para ellos y los demás hemos venido a molestarles (agentes de tráfico incluídos) y que encima, y esto es lo que más me llamó la atención, contaban todo esto, con una voz neutra, sin especiales énfasis, como quien habla de lo que acaba de comprar en el super (estos no comprarán ahí por que son muy machotes para eso), o de la última peli que han visto en el cine. Para ellos saltarse las normas de tráfico es algo normal, cotidiano, porque están mal hechas y la razón les asiste.
¿Cuántos de estos hay sueltos? Me da pánico, ciudadanos normales y corrientes, padres de familia, trabajadores, gente con la que te cruzas por la calle y les cedes el paso por la acera. Verdaderos delincuentes enfundados en un envoltorio de persona sencilla.